Con la crisis nos enamoramos más, pero nos decepcionamos con mayor facilidad


Con la crisis nos enamoramos más, pero nos decepcionamos con mayor facilidad

«En tiempo de crisis nos enamoramos más pero también nos decepcionamos con mucha facilidad», reflexiona Francesc Núñez, sociólogo de la UOC, a raíz de la reciente y abundante literatura sobre el amor y de sus investigaciones sobre comunicación electrónica y relaciones de pareja. Pese a que hoy en día la pareja está más acechada, el amor a dos sigue siendo uno de los grandes anhelos de los seres humanos. El amor, dice el experto, es una fuente de seguridad ontológica, da valor a las relaciones y sentido a la propia vida, y en tiempos de crisis en los que se agrava la inseguridad y la sensación de riesgo, la puerta al enamoramiento se abre de par en par. Sin embargo, amor y felicidad no siempre hacen buena pareja: la decepción suele acompañarles muchas veces.El amor, más propenso en épocas de crisis.

8 mayo / Casacochecurro.com ¿Qué le sucede al amor en el siglo xxi? Francesc Núñez sitúa el problema en la imaginación, en los imaginarios sociales proyectados por las novelas y las películas. «En el caso del amor es claro el poder de las industrias culturales para fijar nuestros «modelos», despertar nuestros «deseos» y proyectarnos hacia el futuro. Madame Bovary es un prototipo de la influencia de la novela moderna (de amor) en la vida de las personas corrientes y de los peligros de la imaginación en el amor y en la vida».

Sombras de Grey
Cuenta el profesor Núñez que el cine de Hollywood es, fundamentalmente –y de forma magistral– el inventor del amor, de las historias de amor contemporáneo, que ha modelado, en buena medida, nuestras formas de enamorarnos, del tipo de personas que (como amantes) querríamos ser y de quién nos querríamos enamorar. De hecho –dice–, pretendemos que nuestra realidad se parezca a la ficción y un buen ejemplo de ello es el éxito de la trilogía de E. L. James Las sombras de Grey.

Augura que tras el éxito arrollador de la novela, la película también lo tendrá: «Como esta novela, muchas producciones mediáticas recogen todos los tópicos, todo lo que nos dicta el imaginario moderno sobre lo que debe ser el amor, las historias que de alguna forma u otra todos querríamos vivir, repetir en alguna de sus múltiples versiones…», al tiempo que avisa: «Pero, claro, cuando la imaginación (los imaginarios sociales, los imperativos sociales, también los prejuicios) dicta o dirige la búsqueda del amor, la decepción es un resultado previsible. Suele haber un abismo entre la realidad y la ficción, que hemos vinculado mediante la «imaginación». Los mismos criterios exigentes que nos llevan a la «búsqueda» del amor nos predisponen ya a la decepción, al fracaso y a la imposibilidad de un encuentro satisfactorio».

El sociólogo expone cómo en el mundo contemporáneo la imaginación es un elemento clave para entender la manera en la que organizamos la experiencia y el pensamiento. Es decir, en nuestras vidas tiene a veces más importancia lo que imaginamos, que lo que vivimos, pues convierte nuestro deseo en guía frente a lo que sabemos por experiencia. «Todavía es más importante la imaginación cuando anticipamos el futuro y, evidentemente, nuestro futuro amoroso sobre cómo deseamos que sea nuestro «amor» venidero».

Hollywood no ayuda al amor
La antropóloga y experta en género Begonya Enguix, también profesora de la UOC, no es mucho más optimista: «La distancia entre la ficción y la realidad alimentadas ambas por los imaginarios y la imaginación, se profundiza si introducimos como elemento en juego el género: las expectativas de hombres y mujeres respecto a la experiencia amorosa no parecen haberse acercado demasiado a pesar de la tan proclamada igualdad».

Así, amparadas por la ficción hollywoodiense, expone Enguix, las mujeres buscan a un hombre ideal que sea un compendio de virtudes entre las que destacan rasgos estereotípicos –la protección, la seguridad (vital y económica), la fortaleza– pero también rasgos antes considerados femeninos –el cuidado, la ternura, el romanticismo–. Los hombres buscan a la vez a unas mujeres sumisas y fuertes, una mezcla entre tradición y modernidad que rara vez se encuentra. La diferencia entre las expectativas y las experiencias amorosas de hombres y mujeres es un terreno abonado para la decepción.

Imaginación, enamoramiento y neurociencia
En los imaginarios contemporáneos, fuertemente marcados por la novela y, sobre todo, por el cine y otras producciones audiovisuales –ahonda Núñez–, es cada vez más difícil distinguir lo real de lo ficticio. Nuestra aspiración amorosa es más una nostalgia por algo que no tenemos, pero que hemos visto reflejado en una pantalla y se ha convertido así en un anhelo perpetuo. «Desde la neurociencia (y esto lo ha trabajado mucho el mundo de la publicidad) sabemos que en el terreno de las emociones la imaginación tiene la capacidad de sustituir la experiencia real. Las imaginaciones (muy próximas a las sensaciones) nos provocan sentimientos, sentimientos que son reales, tan auténticos como los que nos puede producir un objeto del mundo real. Esta es una habilidad del individuo moderno, del consumidor, una especie de fantaseo, de soñar despierto (daydreamer) que nos resulta tan «emocionante», tan real, como cualquier otra situación», expone.

En el caso del amor y más en condiciones de enamoramiento es muy difícil distinguir la realidad de la ficción. «Inventamos, recreamos, imaginamos, anhelamos, esperamos… nuestro objeto amoroso», avisa el investigador, lo que unido a la actual situación de crisis y primavera, implica que se enamoran todavía más los que están más insatisfechos, los que buscan, los que no se sienten a gusto o no se conforman con lo que tienen… Y a más luz, más revolución hormonal. ¿Consecuencias? Enamoramiento aún más fácil. «El amor promete un futuro mejor, es una «revolución a dos», y puede dar estabilidad en medio de la «crisis», aunque sea un «espejismo». Pero no por ello el experto recomienda la huida o la abstinencia sino solo cierto darse cuenta acompañado de sosiego, pues como canta el poeta Miquel Martí i Pol, «busco el amor, ay, compañeros, por eso me empuja la esperanza», recuerda Francesc Núñez.

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