La siesta es buena para mejorar el aprendizaje en niños

La siesta es buena para mejorar el aprendizaje en niños
NOTICIA de Javi Navarro
24.09.2013 - 13:28h    Actualizado 27.10.2021 - 13:41h

La siesta es buena y mejora el aprendizaje en los niños menores de tres años. Entre los motivos, una hora de sueño durante el día mejora la memoria y el aprendizaje de los preescolares. Los resultados de un estudio en EE. UU. a 40 niños señalan que este descanso es un factor importante para consolidar conocimientos en las primeras etapas de la educación, tal y como detalla el trabajo publicado en la revista PNAS por un equipo de investigadores de la Unidad de Sueño de la Universidad de Massachusetts.

“Los pequeños recuerdan mejor lo que están aprendiendo si duermen la siesta”, indica la psicóloga Rebecca Spencer, una de las autoras del trabajo. Los resultados, obtenidos tras haber analizado el comportamiento de más de 40 niños de una guardería, indican que las siestas ayudan a consolidar la memoria y el aprendizaje a edades tempranas.

La siesta es buena a todas las edades

Estudios recientes ya reflejaban conclusiones similares en adultos jóvenes, aunque, según los investigadores, no existían evidencias científicas sobre las consecuencias de la siesta en los niños pequeños. “Somos los primeros en demostrar la importancia de este descanso en niños en edad preescolar”, señala Spencer.

Los autores explican que debido al aumento de niños en las guarderías financiadas con dinero público, existe una corriente, defendida tanto por diversas administraciones como por algunos padres, que pone en duda los beneficios de estos descansos diurnos en los centros educativos.

“Muchas investigaciones destacan los favores de una educación temprana, por tanto, las siestas se quieren eliminar para dedicar más horas al aprendizaje. Sin embargo, hemos demostrado que estos sueños al mediodía ayudan a los niños a conseguir las metas académicas durante las primeras etapas de la educación”, destaca Spencer.

Para obtener los resultados, los investigadores analizaron el comportamiento de 40 niños de diferentes guarderías mediante un juego de memoria visual en el que debían recordar la posición de diferentes imágenes. Esta prueba se realizó a todos los niños tras una media de 77 minutos de siesta, y se repitió otros días sin ese descanso.

Oleo de niño dormido echándose la siesta.

Los científicos concluyeron que después de una siesta los niños recordaron un 10 % más las posiciones de los objetos que cuando estuvieron despiertos toda la jornada. “Existe un beneficio adicional en la educación al dormir durante el día a edades tempranas”, señala la autora del estudio.

Siestas obligadas

Además, también fueron analizados las fases de sueño y el procesamiento de los recuerdos de otros 14 niños para comprobar si estas capacidades mejoraban con la siesta. Durante la prueba, los investigadores encontraron un beneficio relacionado con el sueño profundo –en el que se fija la información adquirida durante el día– y la memoria.

Los autores inciden en que tanto la administración pública como los centros preescolares deben desarrollar medidas que fomenten la siesta en edades tempranas: “Esperamos que estos resultados sirvan para tomar decisiones informadas con respecto a la siesta en las aulas. Los niños no solo deben tener la oportunidad de dormir, sino que se les debe animar a hacerlo”.

Estudiar a base de siestas

Unos hábitos de estudio exitosos deberían incluir muchas siestas. Así lo indica un nuevo estudio, publicado en la revista Current Biology, que muestra cómo las personas que duermen una siesta y sueñan con una tarea que acaban de aprender la realizan mejor cuando despiertan que aquéllos que no duermen nada o que duermen pero no tienen ningún sueño asociado.

Que la siesta tiene numerosos beneficios para la salud no es nuevo. Pero ahora, una reciente investigación revela que esta costumbre tan mediterránea supone una ventaja a la hora de afianzar los conocimientos previamente aprendidos, pero sólo si se sueña con la tarea memorizada.

“Algunos han considerado el sueño como un entretenimiento, pero este estudio sugiere que se trata de un subproducto del procesamiento de la memoria”, explica Robert Stickgold, autor principal del trabajo e investigador de la Facultad de Medicina de Harvard (EE. UU.).

Los autores pidieron a los participantes que se sentaran delante de una pantalla de ordenador y memorizaran la estructura de un laberinto tridimensional para que pudieran llegar a un punto concreto (un árbol) cuando se les dejaba caer en un lugar al azar en el espacio virtual cinco horas más tarde. A los que se les permitió dormir una siesta y recordaban haber soñado con la tarea llegaron al árbol en menos tiempo.

“En un principio, pensábamos que el sueño debe reflejar el proceso de la memoria que mejora el rendimiento”, afirma Stickgold. “Pero cuando miras el contenido de los sueños, es difícil sostener esto”. Además, el investigador no tiene claro si hay que recordar los sueños para sacar beneficios, aunque sospecha que no. Después de todo, señala, las personas sólo recuerdan no más del 10 o 15 % de los sueños.

“Pensamos que los sueños son un indicador de que el cerebro está trabajando en el mismo problema en diferentes niveles”, continua Stickgold. “Los sueños pueden reflejar el intento del cerebro de encontrar asociaciones para los recuerdos que podrían hacerlos más útiles en el futuro”.

En otras palabras, no es que los sueños nos lleven a una mejor memoria, sino que son un indicio de que otras partes inconscientes del cerebro están trabajando duro para recordar cómo guiarse por el laberinto virtual. Los sueños son básicamente un efecto secundario de ese proceso de la memoria.

Estudiar antes de dormir
Los autores sostienen que puede haber formas de aprovechar este fenómeno para mejorar el aprendizaje y la memoria. Por ejemplo, puede que sea mejor estudiar justo antes de irse a dormir que por la tarde, o dormir una siesta tras una intensa tarde de estudio.

Las personas pueden darse cuenta de los hábitos de estudio o los procesos mentales que les llevan a soñar sobre algo que necesitan recordar mientras están despiertos. Stickgold explicó que lo más emocionante es aclarar una cuestión más profunda: ¿Por qué soñamos? ¿Cuál es su función?

Los investigadores esperan seguir su estudio mediante la manipulación del entorno de aprendizaje, de manera que se estimule la incorporación en los sueños. También planean estudiar el mismo fenómeno tras una noche entera de sueño.

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