Los familiares de los parados, sobre todo las madres, padecen más ansiedad que los propios desempleados


Los familiares de los parados, sobre todo las madres, padecen más ansiedad que los propios desempleados

La ansiedad tiene una prevalencia en España que crece hasta el 20% debido a problemas sociales como el desempleo. De hecho, no sólo los afectados por el paro la padecen, sino que los familiares de personas en paro padecen más ansiedad que los propios desempleados. Las madres suelen padecer una ansiedad asociada a hijos en paro con una prevalencia de entre 2 a 3 veces superior que el padre por el desempleo de un familiar. La crisis económica y la mayor sensibilización de la población en torno a la ansiedad han incrementado el número de consultas en Psiquiatría relacionadas con este trastorno. Además, el hecho de trabajar en entornos muy competitivos hace que las personas vean incrementados sus niveles de ansiedad hasta convertirse incluso en patológica. Respecto a la necesidad de cambiar de estilo de vida para el tratamiento de la ansiedad, mediante la realización de ejercicio físico o la reorganización de la vida diaria, es frecuente que los pacientes aludan precisamente a falta de tiempo para hacer esas modificaciones.

24 febrero / Casacochecurro.com «El cerebro prioriza: si no se tiene para dar de comer a los hijos, difícilmente se padecerá una crisis de ansiedad, pues se tienen cuestiones más primarias que atender. De este modo,- asegura el doctor José Antonio López Rodríguez, vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada (ASEPP)- los familiares de aquellas personas que están personas en paro tienden a padecer más ansiedad que los propios desempleados». La madre es, de los dos progenitores, quien, con una prevalencia de entre 2 a 3 veces más que el padre, suele padecer este trastorno.

La ansiedad tiene una prevalencia en España que fluctúa entre el 5 y el 20%. Es una enfermedad infradiagnosticada, aunque el número de casos no diagnosticados se está reduciendo a lo largo de los últimos años, debido a que cada vez los pacientes acuden con mayor frecuencia al especialista. «A causa de la actual coyuntura económica se ha incrementado el número de consultas de pacientes con síntomas directamente relacionados con la crisis, si bien se trata solo de una percepción recogida en las consultas de los expertos, pues no hay aún estudio que lo demuestre», explica López Rodríguez.

Situación ‘habitual’
«Se trata de una situación relativamente lógica -explica este especialista- una situación de ansiedad colectiva como la actual de pesimismo general, crisis de valores, crisis económica, corrupción política, sensación de desamparo institucional, etcétera, es normal que sirva de factor desencadenante de una mayor número de casos de ansiedad», asegura el vicepresidente de ASEPP. «Máxime cuando los españoles tendemos a pasar de blanco al negro, sin necesidad de que existan los grises, en cuestión de segundos».

«No tengo tiempo»
Por otro lado, el hecho de trabajar en entornos muy competitivos hace que las personas vean incrementados sus niveles de ansiedad hasta incluso convertirse en patológica. Según subraya el doctor López Rodríguez, «culturas como la occidental, donde se fomenta la competitividad del individuo casi desde el nacimiento, acarrean un incremento de los niveles de inseguridad de las personas, por lo que es lógico que la tasa de pacientes con ansiedad aumenta, afectando a los psicológicamente más débiles». Respecto a la necesidad de cambiar el estilo de vida, como hacer más ejercicio físico, tener tiempo para uno mismo, reorganizar su vida y demás factores necesarios para el tratamiento de la ansiedad, el doctor asegura que de forma muy frecuente siempre obtiene la misma respuesta por parte de los pacientes: «no tengo tiempo».

Competitividad laboral
Una consecuencia de estos cuadros ansiosos generados por la alta competitividad laboral son los trastornos del sueño y de los ritmos circadianos –intervalos entre sueño y vigilia-. «Los miembros de nuestra sociedad duermen mal y en malas condiciones. Las prisas, madrugar periódicamente y las alteraciones por la vida social fuera de casa han modificado la regularidad del sueño, reduciendo por tanto el descanso de los individuos», explica este experto. «El consumo de sustancias estimulantes, como el café o ciertas bebidas, así como los cambios de turno en determinados empleos han rebajado la cantidad pero también la calidad de las horas de sueño».

Todas estas circunstancias han provocado un incremento en el consumo de ansiolíticos, «una circunstancia a la que debemos darle la importancia justa», explica el doctor López Rodríguez. «Es lógico que si se da un incremento en el número de cuadros de ansiedad, se dé un incremento en el consumo de ansiolíticos. De hecho, se debería desdramatizar el consumo de estos fármacos que, junto con la psicoterapia y la modificación del estilo de vida, conforman parte del tratamiento contra la ansiedad».

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