¿Es posible dejar de fumar y no engordar? Mitos y realidades

¿Es posible dejar de fumar y no engordar? Mitos y realidades
NOTICIA de Jessica Pascual
26.01.2023 - 12:26h    Actualizado 29.01.2023 - 17:14h

¿Dejar de fumar engorda, sí o no? Esta no es una pregunta fácil de responder, puesto que hay estudios que constatan la afirmación, pero hay otros que la echan por tierra y en ambos casos se han hecho experimentos e investigaciones que constatan sus conclusiones. De manera resumida, la posibilidad de engordar de una persona cuando deja de fumar depende de varios factores, como de la ansiedad que pueda provocarle dejar el hábito y la necesidad de comer para sustituirlo, así como de si se trata de un exfumador con un nivel de vida muy activa o sedentaria, por poner algunos ejemplos.

De lo que no cabe duda es de los innumerables beneficios que tiene dejar de fumar, independientemente de que una persona coja algunos kilos de más o no. Por ello y, más allá de las investigaciones científicas, si estás pensando en dar el paso, en esta otra información puedes consultar cuáles son los mejores consejos para dejar de fumar.

Secreción de insulina y aumento de peso al dejar de fumar

Una de las razones que exponen los fumadores para no abandonar el consumo de tabaco es el miedo a engordar. Muchos investigadores han especulado sobre la existencia de una relación metabólica entre el hecho de dejar de fumar y ganar peso, pero no existía ningún estudio que respaldase dicha afirmación. Ahora un equipo científico de Austria ha descubierto una relación entre la secreción de insulina y el aumento de peso tras dejar de fumar.

Ganar peso asusta a las personas que quieren dejar de fumar, sobre todo a las mujeres. Cada vez se publican más estudios que aseguran que dejar de fumar engorda, por lo que es una realidad, nada de mitos. En una ponencia ante los delegados asistentes al XV Congreso internacional sobre endocrinología (ICE) y al XIV Congreso europeo sobre endocrinología (ECE) la doctora Marietta Stadler del Hospital Hietzing de Viena (Austria) afirmó que ella y su equipo han descubierto que los cambios en la secreción de insulina pueden relacionarse con un aumento del peso tras dejar de fumar.

Los sujetos del estudio ‘Efectos de dejar de fumar sobre la función de las células β, la sensibilidad a la insulina, el peso corporal y el apetito‘ eran fumadores sanos participantes en un programa de abandono del hábito de fumar. Todos ellos se sometieron a pruebas de tolerancia a la glucosa de tres horas (OGTT) cuando aún fumaban y después de al menos tres y seis meses tras haber dejado de fumar. La investigadora y su equipo también midieron la composición corporal de los sujetos.

El equipo midió la secreción de insulina por células beta del páncreas en ayunas y tras haber consumido glucosa. Su apetito se evaluó tras haber comido con libertad en un bufé. Los investigadores también midieron los niveles en ayunas de distintas hormonas que influyen en la regulación de la absorción de energía.

“Descubrimos que el peso corporal y la cantidad de grasa aumentaron a los tres meses de haber abandonado el tabaco en un 4 % y un 22 % respectivamente -afirmó Stadler- y tras seis meses el aumento fue del 5 % y del 35 % respectivamente”. Añadió que los descubrimientos metabólicos más sorprendentes fueron un aumento de la primera fase de secreción de insulina, tras la prueba de la glucosa, y un aumento de la absorción de carbohidratos tras el bufé en pacientes que habían dejado de fumar hace tres meses.

Los sujetos presentaron a los tres meses una resistencia a la insulina en ayunas importante en lugar de una respuesta reducida a la insulina como sería lo normal. El resultado fue distinto a los seis meses. “La sensibilidad dinámica a la insulina (la sensibilidad a este compuesto en el estado postprandial) evaluada durante la OGTT no se modificó en ningún momento”, afirmó.

Más apetito cuando se deja de fumar

“La concentración de neuropéptido Y (NPY) 2 en ayunas había aumentado a los tres meses, pero no a los seis. Entendemos que las alteraciones en la secreción de insulina podrían están relacionadas con un mayor deseo de consumir carbohidratos y con el aumento de peso que experimentan muchas personas al dejar de fumar. No obstante, el aumento de la secreción de insulina y en la ingesta de carbohidratos parecen ser efectos pasajeros de dejar de fumar, puesto que estos cambios no se aprecian después de seis meses, aunque los participantes ya hayan engordado”.

Los descubrimientos también muestran que el aumento en la secreción de insulina no era tan evidente en los sujetos que habían dejado de fumar durante al menos seis meses como en los que recayeron a los tres meses. “Todos estos factores son indicios que contribuirán a comprender mejor los procesos metabólicos relacionados con el aumento de peso tras dejar de fumar”, explica la doctora Stadler. “Cuanto más sepamos sobre la base biológica de este fenómeno, mayores probabilidades tendremos de controlarlo”.

El equipo científico al cargo del estudio planea comparar los sujetos de esta misma investigación con un grupo de no fumadores de la misma edad con el objetivo de determinar si la función de las células beta cambian en aquellos que vuelven a fumar y no solo durante el periodo en el que lo dejan.

Stadler concluyó: “También proponemos un debate sobre nuestros resultados con expertos en campos como la adicción o la medicina del comportamiento para así recopilar ideas e hipótesis sobre la razón por la que el consumo de tabaco provoca estos efectos metabólicos. De esta forma se podrán planear estudios que abarquen la gran cantidad de disciplinas relacionadas con este importante ámbito científico”.

Los fumadores que están más enganchados a la nicotina, engordan más al dejar de fumar

Por su parte, el equipo de investigación de Koji Hasegawa y su equipo del Centro Médico de Kyoto, en Japón, ha estudiado los factores que influyen en este aumento de peso sobre una muestra de 186 pacientes (132 varones y 54 mujeres) que habían acudido a una clínica para dejar de fumar, con éxito. El resultado del estudio ‘Análisis de los factores que determinan la ganancia de peso durante la terapia para dejar de fumar‘ más llamativo del análisis es que los más enganchados a la nicotina engordaban más.

Dicho de manera técnica, altas puntuaciones en la prueba de Fagerström de Dependencia de la Nicotina (FTND) (la prueba que evalúa el nivel de adicción a esta sustancia), estaban fuertemente correlacionadas con mayores ganancias de peso en sus dueños. “Los valores medios del índice de masa corporal (IMC) aumentaron de 23.5 kg/m² al inicio de la terapia a 23.9 kg/m² tres meses después”, indican los autores en el artículo. No hubo diferencias significativas entre los que se medicaron con parches de nicotina y con vareniclina, las dos terapias administradas a los pacientes del estudio.

Según los resultados, otros factores que se relacionan con aumento de peso son los triglicéridos, los niveles de colesterol HDL (cuanto más bajos, más kilos), y el consumo de cigarrillos diario antes de las terapias. Los triglicéridos y la dependencia de la nicotina son determinantes, pero de todos, con diferencia, el factor más fuerte es este último. “Los fumadores muy dependientes tienen mayor probabilidad de engordar durante la terapia para dejar de fumar —dicen los autores—, y pueden requerir intervenciones contra el aumento de peso”.

5 kilos más por dejar de fumar

Otro estudio, ‘Aumento de peso en fumadores después de dejar de fumar: metanálisis‘ en este caso, publicado en la revista especializada en medicina British Medical Journal viene a decir que las personas que dejan de fumar ganan entre cuatro y cinco kilos después de 12 meses sin encenderse un cigarrillo. Este peso se gana sobre todo durante los primeros tres meses de dejar el hábito. Esta investigación europea, basada en 62 estudios clínicos, ha analizado los cambios en el peso de los pacientes que dejaron de fumar después del primer año, con y sin tratamiento. Los autores admiten que el aumento de peso es más alto de lo esperado, puesto que siempre se había situado en los 2,9 kg.

“El resultado puede ser peligroso porque los beneficios de dejar de fumar superan notablemente los posibles riesgos de ganar peso”, explica Esteve Fernández, director de la Unidad de Control del Tabaquismo (UCT) del Instituto de Oncología de Cataluña (ICO), y coautor del editorial Dejar de fumar y aumentar peso: la extraña pareja que acompaña el artículo.

Los pacientes que no siguieron ninguna terapia aumentaron 1,1 kg el primer mes, mientras que su peso subió a 2,3 kg el segundo mes, 2,9 kg el tercero, 4,2 kg al medio año, y 4,7 kg a los 12 meses. En relación con las personas que dejaron el hábito con ayuda de un tratamiento, los resultados son muy similares y la preocupación también.

El trabajo señala que ganar peso es algo que inquieta a las personas que intentan abandonar el hábito tabáquico, sobre todo a las mujeres. Según los resultados, las fumadoras solo están dispuestas a engordar, como máximo, 2,3 kg si dejan de fumar. Engordar cinco kilos no es bueno ni malo, depende de tu índice de masa corporal”, apunta Fernández. El investigador catalán destaca que ganar peso tiene dos componentes muy claras, estética y de salud.

Sin embargo, y a pesar de las cifras, es importante recalcar que los beneficios de dejar de fumar superan notablemente los posibles riesgos de ganar peso.

La excepción a la norma

En el otro extremo, el mismo estudio arroja datos completamente contrarios, que dejar de fumar y no engordar es posible. En cifras, mientras que el 13 % gana más de 10 kg después del año, un 16 % de los exfumadores pierde peso. Los investigadores concluyen que son necesarios más análisis para identificar qué personas corren más riesgo de aumentar peso y prevenirlo para conocer cuáles son los factores que influyen a la hora de dejar de fumar y no engordar. Esteve Fernández advierte que tres cuartas partes de la población dejan de fumar sin ayuda externa. La mayoría lo consigue con fuerza de voluntad y el apoyo social y familiar.

Engordar no está directamente relacionado con dejar de fumar

En una línea de estudio similar se encuentra la investigación de los científicos de la Universidad de Navarra. El estudio ‘Evolución de los cambios en el peso corporal según hábito tabáquico: análisis longitudinal de la cohorte SUN‘ evalúa la relación entre dos factores de riesgo cardiovascular: el ‘hábito tabáquico’ y el aumento de peso cuando los fumadores dejan el hábito y cuando continúan fumando.

Los resultados, publicados ahora en la Revista Española de Cardiología, “son decisivos para plantear programas de prevención”, explica Francisco Javier Basterra-gortari, autor principal del estudio e investigador de la UNAV. Los no fumadores engordan menos, según un nuevo estudio que relaciona el tabaquismo con la ganancia de peso, y concluye que las personas fumadoras activas, no solo las que lo dejan, engordan más que las no fumadoras. Después de cuatro años de análisis en la Universidad de Navarra, las personas que menos engordaron fueron las que nunca habían fumado, tal y como recoge una investigación que se ha publicado en la Revista Española de Cardiología.

Los datos, fruto de un análisis de 7.565 personas durante 50 meses, se ajustaron por edad, sexo, índice de masa corporal inicial y estilos de vida (sedentarismo, cambios de actividad física, ingesta energética y de fibra, comidas entre horas, consumo de refrescos, de comida rápida y de alcohol).

La ganancia de peso de las personas que dejaron de fumar durante el estudio era mayor cuantos más cigarrillos al día fumaban en el momento de comenzar la investigación. Quienes seguían fumando también ganaron durante ese periodo más peso que las personas no fumadoras. Los autores afirman que el tabaquismo no es una forma efectiva de prevenir la obesidad. “De hecho, la aumenta, sobre todo en ex fumadores y en fumadores que continúan exponiéndose”, subraya Basterra-gortari.

Fumar quita el apetito

La realidad es que fumar quita el apetito porque la nicotina activa receptores en el cerebro que reducen el apetito. El estudio ‘La nicotina disminuye la ingesta de alimentos a través de la activación de las neuronas POMC‘, publicado en la revista Science, revela cómo la nicotina activa un grupo de neuronas del hipotálamo que transmiten sensación de saciedad. Los resultados contribuirán al desarrollo de nuevos tratamientos para controlar el peso de los exfumadores —con tendencia a engordar cuando abandonan este hábito—, y de las personas con obesidad.

Investigadores norteamericanos han descubierto por qué los fumadores suelen, en general, pesar menos que los no fumadores. Según el estudio, publicado en la revista Science, la nicotina, uno de los principales factores de adicción al tabaco, suprime la sensación de apetito.

Un hombre fumando en un bar. Los experimentos realizados en ratones muestran que esta sustancia activa un conjunto de receptores neuronales, diferentes a los que suscitan las ansias de fumar, que se sitúan en el sistema de melanocortina del hipotálamo. Este sistema se encarga de distribuir la energía extra que aportan los alimentos, metabolizándola o almacenándola en forma de grasa. Además, tal y como señala Marina Picciotto, autora principal del estudio e investigadora del departamento de psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale (EE. UU.), “es posible suprimir la sensación de apetito sin afectar los centros de recompensa del cerebro”.

La razón es que estos receptores aumentan la actividad de una serie de neuronas cerebrales, conocidas como células proopiomelanocortina o POMC, que se relacionan con la obesidad en humanos y animales. Los resultados revelaron que los ratones que carecían de las neuronas POMC no perdieron peso, a diferencia de los ratones que sí las tenían.

El tabaquismo es la principal causa de muerte prevenible en los países desarrollados, pero hay personas, sobre todo mujeres, que se niegan a dejar de fumar por temor a engordar. “Identificar estos receptores ayudará a conocer los mecanismos asociados a la adicción, el peso y el hábito de fumar”, señala Mariella de Biasi, también autora del estudio e investigadora del departamento de Neurociencias del Colegio de Medicina Baylor de Houston (EE. UU.).

Aunque los resultados de la investigación solo se han obtenido en ratones, “podrían ser claves para el desarrollo de fármacos que ayuden a los fumadores a abandonar el tabaco sin ganar peso”, subraya la científica. Además, “estos medicamentos también permitirían controlar la obesidad y los desórdenes metabólicos de otras personas”, concluye.

Los riesgos de sobrepeso al dejar de fumar

El argumentario sobre la reforma de la Ley 28/2005 de Medidas Sanitarias frente al Tabaquismo, la conocida popularmente como Ley Antitabaco, presentado por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, prevé una disminución del consumo de tabaco del 3 % al 4 %. Si bien es verdad que estos resultados supondrán un alto beneficio para el sistema nacional de salud, no es menos cierto que conviene revisar determinadas tendencias contraproducentes derivadas de esta modificación en los consumos.

En este sentido, desde el Instituto de Obesidad se quiere recordar que diversos estudios sitúan entre dos y cuatro los kilos que suele ganar una persona al dejar de fumar. Este incremento —que se da durante la fase física de dependencia que abarca los cuatro primeros meses— se debe a un desorden en los hábitos alimenticios originado por la ansiedad derivada de la ausencia del tabaco.

El problema, no obstante, surge cuando, una vez superada esa fase física de adición, se mantiene el incremento progresivo de peso producido por una mala alimentación. De este modo, un hábito perjudicial, el tabaco, es sustituido por otro, derivando en dificultades de obesidad y sobrepeso. Para prevenir este riesgo, el Instituto de Obesidad recomienda cuidar especialmente los hábitos alimenticios, poniendo a disposición de aquellos interesados un equipo de profesionales para trabajar tanto la alimentación necesaria como la correcta terapia física y psicológica.

No en vano, cualquier tratamiento, y este de modo especial ante la dificultad que entraña dejar de fumar, debe concebirse de manera multidisciplinaria, interviniendo criterios nutricionales y psicológicos. De esta manera se logra una mayor adhesión a la terapia y un mantenimiento del peso perdido. Así, en lo que a alimentación se refiere, se recomienda evitar los estimulantes como el te o el café, dado que su consumo va asociado a un mayor riesgo de recaída. Lo mismo se puede de decir de los productos hipercalóricos en general.

Como contrapartida, el Instituto de Obesidad apuesta por mantener una dieta equilibrada que contenga todos los alimentos necesarios para conseguir un estado nutricional óptimo. Para ello será necesario aportar una cantidad de nutrientes energéticos suficiente que permita, asimismo, llevar a cabo los procesos metabólicos y de trabajo físico y psicológico ya comentados con anterioridad. De este modo, el abandono del tabaco llevará aparejado un mantenimiento en el peso del paciente, produciendo una sensación de mejora y plenitud que facilitará la eliminación de los malos hábitos.



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