Así no se motiva: lo que los jefes no deben decir a los empleados


Así no se motiva: lo que los jefes no deben decir a los empleados

«El miedo bloquea la creatividad, y de eso, muchos directivos no parecen darse cuenta», comenta Ángeles de la Flor, Socia Directiva de Aflora, a lo que añade «el mero hecho de recordar a los empleados la suerte que tienen de mantener el empleo, no genera motivación alguna. El entorno generado a través del chantaje por la mera permanencia no es suficiente para que el verdadero talento ayude a alcanzar los objetivos». Es el momento de pasar a la acción, y olvidarse de ser un jefe competente para convertirse en un buen líder. Se trata de gestionar a través de la transformación que genera el coaching y garantizar que el líder y su equipo estén donde la empresa espera.

Lo que un jefe no debe hacer

Nadie ha reparado en ellos. Son los que se quedan a pesar de todo. A pesar de la crisis y de los malos momentos económicos. Son los empleados que han sobrellevado la situación y han conseguido mantener su puesto de trabajo. Su escenario, sin embargo, ya no es el mismo que antes. Disfrutaban de unos derechos percibidos ya como adquiridos. Tenían agua fresca de máquina, podían tomarse un café por poco precio en el despacho, e incluso, algunos esperaban un aumento de sueldo. Todo ha desaparecido, es la nueva etapa de los «low cost».

Más y más trabajo

Y para colmo, más trabajo. Pero tienen que estar contentos. Su jefe se encarga de repetírselo todos los días. Tienen trabajo y, además… tal y como está la cosa, esto ya supone todo un logro. De esto, no hay lugar a dudas, pero, ¿Cómo se quiere mantener la motivación de estos empleados que no han sido cuidados en los peores momentos? Tal y como se destaca desde Aflora, el botón de la auto-motivación está más que desgastado, ¿Cómo volverlo a encender?

Aunque parezca algo obvio, muchos directivos no son conscientes de que la carga de negativismo que supone el recordar cada día «lo mal que está ahí fuera la situación» provoca el efecto contrario al deseado. Es cuando se produce una ruptura. Desde el comienzo de la relación laboral, ambas partes, trabajador y empresa, esperan avances debido a sus contribuciones. Si no existe bidireccionalidad, las reglas del juego se rompen.

El trabajador espera que la empresa le aporte el desarrollo necesario para conformar una carrera coherente. Él no está dispuesto a aceptar la mera aportación de un puesto de trabajo como motor desarrollador de su talento. Obviamente espera más.

Siete errores de los jefes, según sus secretarias

¿Cómo perciben las secretarias a sus jefes?, ¿cómo es la relación entre jefes y secretarias? Ellas son el «brazo derecho» en el trabajo diario de los jefes, las que mejor les conocen y comprenden. Secretariaplus ha presentado el primer estudio sobre relaciones entre jefes y secretarias, en el que han contestado 3.300 secretarias. De éste se desprenden datos muy interesantes del día a día entre jefes y secretarias.

Ellas dicen que sus jefes no saben escuchar, son muy autoritarios y que no saben delegar. Pero aún hay más, no confían en su equipo, son desorganizados, impacientes y prepotentes. Estos son los siete principales defectos que las secretarias ven en sus jefes. Además, un 95% se queja de que los sueldos están por debajo de las tareas que ejercen y reivindican un mayor reconocimiento. Las virtudes que valoran las secretarias en un jefe son que sea comunicativo, que tenga capacidad de liderazgo y de delegar.

La regla de las tres h: Head, Hand y Heart

El empleado conoce mejor que nadie la situación actual económica, pero, al mismo tiempo, también sabe que ha perdido su motivación. Y, aun así, su jefe competente, espera resultados de él. Si bien, la tarea de «seguir caminando» es tarea del trabajador, es el directivo quien tendrá que estar implicado en su desarrollo. «Nunca las «h» han sido tan sonoras.

Así, el líder tendrá que dejar de pensar (head) en todo lo que necesita su colaborador para dar el máximo en su trabajo, en todo lo que precisa de él -como líder- para que lo alcance y ponerse a ello (hand). Deberá poner en marcha un plan para llevarlo a cabo y disfrutar mientras lo consigue. El corazón suele ser un buen compañero (heart). Eso si, cuidando la intencionalidad porque se transmite cuando nos comunicamos. Suele resultar mucho más sencillo liderar con la racionalidad siguiendo el camino marcado por el corazón», comenta de la Flor.

Que tu jefe te eche la bronca es contraproducente

Así lo consideran los expertos: los jefes que pierden el control y abusan de sus colaboradores se perjudican a sí mismos y a sus organizaciones. Nadie dijo que ser jefe fuera fácil, pero tampoco que pudiera aprovecharse de su posición para maltratar a las personas que están a su cargo. El liderazgo nocivo a base de reprimendas son siempre contraproducentes tanto para el que las echa como para el que las recibe.

Para poner fin a estas muestras gratuitas de ignorancia e inconsciencia, que poco a poco envenenan al resto de la organización, los especialistas en psicología empresarial proponen potenciar la inteligencia emocional y el autoconocimiento de estos jefes. Sólo así conseguirán dominarse a sí mismos. «Una vez que el error se ha producido, la bronca sólo sirve para agravar la situación, no para enmendarla», afirma la ‘coach’ Maite Barón.

La ejecutiva J. S., de 32 años, acaba de recibir una bronca monumental, de esas que hacen estremecer el corazón de cualquier persona. Lamentablemente, no es la primera ni será la última. Su jefe, director del departamento de marketing, de 55 años, es de los que no pasa ni una. En esta ocasión no le ha perdonado que olvidara incluir cierta información en una guía de publicidad recientemente publicada. «Se trata de un servicio que ofrece desde hace poco nuestra empresa y que ha sido diseñado y desarrollado por él», apunta J. S.

Como coordinadora de este proyecto, J. S. reconoce que era la responsable de que todo saliera «perfectamente», tal como le habían exigido. Al constatar dicho olvido, el jefe de J. S. ha convocado una reunión con los nueve miembros del departamento que él mismo lidera. «Desde el principio se ha mostrado agresivo y hostil conmigo», explica esta profesional.

«Enseguida le he pedido disculpas, asumiendo toda la responsabilidad», continúa J. S. «Pero en vez de empatizar conmigo me ha gritado que estaba harto de que se cometieran tantas imperfecciones y que no podía ser que fuera tan incompetente».

J. S. no comprende cómo su jefe puede ser tan «insensible e irrespetuoso» para despreciarla como lo ha hecho: «Soy una persona, un ser humano, y sólo por eso no debería recibir un trato como el que he recibido».

Una vez pasado el chaparrón, J. S. está pensando en dejar su trabajo y marcharse a otra empresa del sector, puesto que está perdiendo la ilusión y la motivación iniciales. «Lo más penoso de este incidente», concluye, «es que mi jefe no ha valorado en ningún momento el 99% del trabajo restante que hemos estado realizando mis compañeros y yo durante las últimas tres semanas; sólo ha reparado en el único error que he cometido».

Visión cortoplacista
Estos desagradables incidentes laborales suelen ocurrir cuando el jefe en cuestión «centra su foco de atención en el corto plazo, orientando su conducta más hacia el cumplimiento de las tareas profesionales que en la relación duradera con las personas con las que trabaja», señala la coach Maite Barón, directora de Building Visionary Organisations.

«Se trata de una postura poco inteligente», opina Barón, «puesto que una vez el error se ha producido, la bronca sólo sirve para agravar la situación, no para enmendarla». Además, «el autoritarismo contribuye a resquebrajar el ambiente laboral, creando una cultura empresarial basada en el miedo a ser castigado, lo que incrementa la inseguridad y la desmotivación de los trabajadores».

Como consecuencia directa de este «liderazgo nocivo» se produce la pérdida de los profesionales con mayor talento, apunta Barón. De hecho, según una encuesta realizada en 2006 por una consultora de recursos humanos, seis de cada 10 profesionales que deciden abandonar su empresa lo hacen por desavenencias con el jefe.

Teniendo en cuenta los efectos tan negativos de esta conducta «irrespetuosa e incluso déspota», Barón asegura que «los directivos que pegan broncas no se dan cuenta de lo que están haciendo». En realidad, añade, «cuando gritan a sus colaboradores están siendo víctimas de su inconsciencia». Y lo dice porque «las broncas suelen ir acompañadas de rabia, ira, frustración, resentimiento y demás emociones negativas, que no sólo desgastan muchísimo mentalmente, sino que envenenan fisiológicamente el cuerpo».

Liderazgo egocéntrico
Así, «los directivos que no son capaces de controlarse a sí mismos y abusan constantemente de su poder terminan entrando en un círculo vicioso y adictivo, que cada vez les encierra más en su egocentrismo», sostiene Barón, especializada en formación en Programación Neurolingüística (PNL) para empresas y directivos preocupados en mejorar la calidad de los ambientes laborales.

Los cursos de formación emocional para directivos cada vez son más demandados. La consultora Eurotalent también cuenta con un equipo de profesionales especializados en potenciar la inteligencia emocional, «centrada en que los líderes empresariales se conozcan más a fondo a sí mismos para dejar de reaccionar automática e impulsivamente frente aquellas situaciones que sus egos no son capaces de aceptar», explica una de sus gerentes, Marta Romo, psicóloga especializada en desarrollo directivo. «Se les enseña a empatizar con sus colaboradores y a conocer el impacto que tiene la forma en la que se expresan sobre los demás», explica.

Y parece que empieza a verse la luz al final del túnel: según una encuesta de la prestigiosa revista Fortune, la mitad de los directivos despedidos por grandes multinacionales en 2006 salieron por la puerta pequeña por «sus constantes muestras de insensibilidad hacia sus colaboradores». Y es que «el abuso de poder no tiene nada de poderoso y sí mucho de debilidad», concluye Romo.

Aceptar al jefe
Más de siete millones de españoles -el 36% de los asalariados- reconoce que si pudiera haría examinar a su jefe por un psicólogo, según el informe Cisneros 2005. Sin embargo, «la mayoría de los llamados líderes nocivos no son conscientes de serlo y seguramente sigan siéndolo durante mucho tiempo», lamenta Marta Romo, gerente de la consultora Eurotalent, especializada en desarrollo directivo. En caso de no poder cambiar de trabajo y tener que convivir con este tipo de jefes diariamente, Romo recomienda a los trabajadores que intenten ponerse en su piel: «Las personas que hacen sufrir a otros son las que más sufren; proyectan su malestar interior sobre los demás, demostrando su escaso desarrollo personal».

Así, «en vez de asumir el papel de víctimas, los colaboradores pueden empatizar con sus jefes, demostrando mayor inteligencia emocional». Además, «si aprenden a aceptar lo que no pueden cambiar, como la conducta egocéntrica de sus jefes, serán mucho más resistentes frente a las adversidades del mundo laboral», añade.»Cuando el jefe se queja de algún error se suele referir a la acción realizada y no a la persona que la ha ejecutado». Así, «para evitar sufrimientos innecesarios», el colaborador ha
de poner cierta distancia entre lo que hace y lo que es». Y concluye: «De él depende que cuando juzguen su trabajo se sienta también juzgado».

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