Trucos para superar la amaxofobia, la fobia a conducir

Trucos para no tener miedo a conducir
NOTICIA de Javi Navarro
10.09.2017 - 16:52h    Actualizado 26.03.2023 - 14:23h

La amaxofobia es el miedo que tienen algunas personas a ponerse al volante de un vehículo para conducir. En España, unas 15.000 personas tienen este miedo, por esta razón hemos decidido hacer un texto para que esas personas que tienen miedo a conducir puedan perder ese miedo. Descubre cómo superar la fobia a conducir.

Si no tienes miedo a ponerte al volante, pero llevas muchos años sin hacerlo y no sabes cómo volver a empezar, puedes consultar desde esta otra información los consejos para ponerte al volante después de llevar mucho tiempo sin conducir.

Miedo a conducir o amaxofobia

¿Quieres saber cómo perder el miedo a conducir? Lo primero es conocer la diferencia entre tener miedo y que te dé fobia conducir, porque son dos maneras muy diferentes de tener respeto a conducir.

En general, aquellas personas que tienen respeto a conducir son las que tienen el permiso de conducir y apenas han conducido o cogido un coche desde entonces.

En el caso de las personas que tienen fobia a conducir, es debido a que han tenido un episodio traumático en algún momento en la conducción.

Aquellas personas que tienen miedo a conducir suelen dar clases de perfeccionamiento para mejorar su conducción, debido a que no tienen mucha seguridad en la forma de conducir.

Amaxofobia: qué es

Aquellas personas que tienen fobia a conducir se llama Amaxofobia, y suelen tardar unos 8 meses en coger el coche, pero esta fobia suele producirse en algunas vías de circulación, no en todas, es decir, en algunas vías se produce esta fobia, en otras esta fobia se minimiza, lo que supone que el conductor puede coger el coche con menos miedo y, por lo tanto, superar este problema.

Superar el miedo a conducir

Por último, la familia es de gran ayuda para superar este miedo, es decir, cuando la persona con este miedo coja el coche, la familia debe de acompañarla en durante las primeras veces, posteriormente tienen que dejar algo de libertad para que conduzca un poco “a su aire”.

Causas del miedo a conducir

Si no te gusta conducir, es causa más que suficiente, o que desconfíes de lo que otros conductores hagan mientras estés conduciendo. Las personas que utilizan el coche en trayectos cortos o urbanos también suelen padecer la amaxofobia, puesto que evitan coger el coche al disponer de autobuses o, incluso, sus propios pies para caminar recorriendo las distancias para evitar coger el coche.

La edad y el mayor número de responsabilidades, como ser responsable de lo que pueda ocurrir a los hijos en el coche, también son causas para coger miedo al coche.

Personas con más miedos a conducir

Personas mayores de 40 años y, sobre todo, mujeres. Aunque puede ocurrirle a toda persona en la medida que evita coger el coche y, una vez que se le olvida conducir, entonces entra en juego la fobia o miedo a conducir.

Cómo perder el miedo psicológico a conducir

Primero hay que identificar la causa concreta del miedo a conducir para después tratarla. ¿Pero cómo? Hay que trabajar la forma de pensar a la hora de conducir, además de técnicas para controlar las reacciones como el estrés, nerviosismo o ansiedad cuando nos enfrentamos al miedo de ponernos frente al volante y, por último, enfrentarnos poco a poco al problema hasta que podamos volver a conducir con normalidad. La autoconfianza es clave para acabar con los nervios.

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¿Por qué hay personas que tienen miedo a conducir?

La amaxofobia es el miedo a conducir y en España lo sufren casi el doble de mujeres que de hombres. La mayoría de afectados tiene el carné de conducir desde hace más de 15 años, no conduce con frecuencia, y reconoce que comenzó a tener miedo a ponerse al volante a los pocos años de obtener el permiso.

¿Por qué se sufre este miedo? ¿Qué rasgos presentan estas personas? Según el II Informe sobre Amaxofobia, elaborado por el Instituto de Seguridad Vial de Fundación MAPFRE, las personas que sufren esta fobia han vivido o presenciado un accidente de tráfico muy grave que les ha marcado notablemente. También afecta a personas que tienen miedo por la falta de control, que son inseguras y que sufren estrés y depresión habitualmente. También suele presentarse en personas que han dejado de conducir durante un periodo de tiempo y que padecen otras fobias, como miedo a volar o a permanecer en espacios cerrados.

Según los expertos, son personas muy responsables, autoexigentes, perfeccionistas, con necesidad de que alguien se ocupe de ellas, y a quienes les gusta tener todas las variables posibles bajo su control, incluida la conducción. A la mínima sensación de riesgo prefieren no conducir y ponen cualquier excusa para no salir de casa, lo que les convierte en personas muy dependientes y acostumbradas a cambiar de planes continuamente.

En consecuencia, se sienten frustradas, tristes, impotentes y con la autoestima baja, especialmente porque no entienden por qué sufren este miedo y no saben cómo superarlo. Por el contrario, las personas que sufriendo este trastorno, se ven obligadas a ponerse al volante, lo hacen siempre con ansiedad, nerviosismo, taquicardias y sudoración en las manos.

¿Tienes miedo a conducir por la autovía? Más de la mitad de las personas con amaxofobia conduce de forma esporádica, realiza los mismos recorridos y se impone ciertas limitaciones, como no conducir sin acompañante, por autopista o autovía, con mucho tráfico o por la noche. También son mayoría las personas que reconocen no conducir cuando se encuentran mal psíquicamente. Según los expertos, la amaxofobia también la sufren los hombres, aunque en un porcentaje mucho menor, a una edad más tardía (a partir de los 60 años) y siempre por aspectos relacionados con la limitación de sus capacidades.

Tratamiento para la amaxofobia

Al igual que otras fobias, el miedo al conducir también se puede tratar y superar, y el primer paso para hacerlo es reconociéndolo ante familiares y amigos. Así lo cree Julio Laria, director general del Instituto de Seguridad Vial de Fundación MAPFRE, quien subraya que, con el tratamiento adecuado por parte de un psicólogo especializado en fobias, la amaxofobia se supera y estas personas pueden volver a conducir en poco tiempo.

Otros consejos básicos para superar este miedo son: ponerse en manos de un profesor de autoescuela o de familiares para ganar confianza en la conducción y solicitar tratamiento psicológico cuando se sufre un accidente. Recibir la ayuda conveniente para superar el estrés postraumático cuando se ha sufrido, presenciado o perdido a un ser querido en un accidente de tráfico, también contribuye a ganar la batalla a la amaxofobia.

Número de afectados

En España, aproximadamente 8,5 millones de personas (el 33 % de la población con carné de conducir) reconoce tener miedo a conducir en ciertas circunstancias relacionadas con el mal tiempo, la densidad del tráfico, nocturnidad y en trayectos nuevos, entre otros factores. Alrededor de 1,5 millones de personas (6 % del total de conductores) sufre ‘amaxofobia incapacitante’, es decir, aquella que impide a una persona ponerse al volante.

Hay que aprender a gestionar las emociones para superar la ansiedad al conducir

Enseñar inteligencia emocional en las aulas a los niños para aprender a gestionar sus emociones desde edades tempranas y saber buscar alternativas para superar la ansiedad, es una de las conclusiones a las que han llegado los expertos que han participado en la 9.ª Jornada de Reflexión Attitudes titulada “¡Quiero conducir! De la ansiedad a la fobia en la conducción”, celebrada en el Audi Forum de Madrid.

Esos mismos expertos han apuntado que no se puede establecer una relación entre siniestralidad y ansiedad, puesto que a veces es más peligrosa la administración de psicofármacos que alivian los síntomas, que la ansiedad en sí misma. De hecho, los pacientes que sufren ansiedad reciben tratamientos que alivian estos síntomas, pero que no enseñan a manejarla.

Es en ese sentido, que los sistemas de salud y seguridad vial de la Administración deberían actuar conjuntamente para detectar a los conductores con niveles de ansiedad considerablemente más altos de los que genera el ritmo de vida actual, guardando siempre el secreto profesional y respetando la Ley de Protección de Datos.

A esas conclusiones han llegado los participantes de las dos mesas redondas programas en la 9.ª Jornada de Reflexión Attitudes, y que han estado integradas por representantes de la Dirección General de Tráfico, Fiscalía de Seguridad Vial, Comisión de Seguridad Vial del Congreso de Diputados y representantes de entidades de los ámbitos de la seguridad vial, psicología, sociología y salud pública de nuestro país.

Otro de los asistentes a esta Jornada, el conocido escritor y divulgador científico Eduardo Punset, ha expuesto la misma teoría en la conferencia magistral que ha impartido en este foro, al señalar “que se tendría que aprender a gestionar las emociones básicas universales, entre ellas la ansiedad y el miedo. Este aprendizaje se debería realizar desde las edades más tempranas, implicando en ello a las administraciones educativas y sanitarias”.

En su conjunto, se trata de una batería de propuestas para actuar en relación con los datos dados a conocer en el transcurso de dichas Jornadas, según el cual, más de la mitad de los conductores de España (54 %) sufren ansiedad en algún grado cuando se ponen al volante de un vehículo, el 22 % padecen un grado considerable de ansiedad y el 4 % tienen mucha ansiedad y muestran síntomas de amaxofobia (miedo a conducir). Datos que están incluidos en el estudio “La ansiedad y su influencia en los conductores españoles”, realizado por Attitudes con motivo de la organización de dichas Jornadas.

El 77 % de los conductores españoles conduce bajo estados de estrés

El 77 % de los conductores españoles conduce bajo estados de estrésLa relación entre enfermedades mentales y accidente de tráfico no es una casualidad, puesto que los efectos de muchas enfermedades producen una importante alteración de las capacidades cognitivas, motoras, conductuales, etc. que, evidentemente, se plasman en nuestra ejecución y comportamiento en todas las esferas de la vida, incluidas como no, la conducción, con las consecuencias que todo ello comporta. Y es que los conductores que asumen más riesgos en la conducción forman parte, en mayor medida que el resto de conductores, de los grupos con sintomatología de ansiedad, estrés y depresión. En España, concretamente, el 76,9 % de los conductores conduce bajo estados de estrés, el 21,9 % bajo estados de depresión y el 11,2 % bajo estados de ansiedad.

Las enfermedades mentales y las lesiones por accidente de tráfico constituirán los dos principales problemas de salud de la población mundial en el primer cuarto del siglo XXI, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Unos problemas de salud que ya actualmente tienen una especial incidencia en nuestra sociedad. Así, según el Libro Blanco de la Depresión, se calcula que en España puede haber seis millones de personas que sufren depresión (10 al 15 % de la población), la mitad de ellos sin diagnosticar. Constituye la segunda causa de baja laboral y se estima que el gasto de esta patología alcanza un total de 23.000 millones de euros anuales para el conjunto de España. En el caso del estrés, se calcula que afecta igualmente al 10 % de la población española y que en unos diez años se convertirá en la primera causa de incapacidad laboral.

El estrés modula en buena medida la forma de conducir de las personas y es la causa de un número considerable de accidentes. Puede tener efectos negativos en el conductor, generando mayores niveles de hostilidad, de agresividad y de comportamientos competitivos y provocadores, mayor impaciencia y mayor tendencia a aumentar la velocidad y saltarse las señales y normas de tráfico, menor capacidad de anticipación y valoración del riesgo, menor concentración, y mayor tendencia a tomar decisiones arriesgadas y cometer imprudencias, sin olvidar el efecto negativo que tiene el uso incontrolado de fármacos, alcohol u otras sustancias que se pueden utilizar para reducir la ansiedad.

Sin embargo, ninguna normativa de tráfico alude explícitamente al estrés como un elemento incapacitante para la conducción, y teniendo en cuenta las reflexiones precedentes, el estrés debiera ser considerado como un relevante factor de riesgo de accidente. Y lo mismo sucede con la depresión y la ansiedad, que aunque aparecen tipificadas como trastornos psicológicos en los sistemas convencionales de clasificación de las enfermedades mentales, debieran ser objeto de atención y motivo suficiente para la adopción de precauciones o medidas especiales en situaciones de interacción con el tráfico.

Medicamentos y volante
La misma situación se plantea con su tratamiento farmacológico, Y es que un 15 % de conductores reconoce estar medicándose para tratar la depresión, la ansiedad, los trastornos del sueño o para relajarse o dormir. Se trata de un dato muy relevante dadas las grandes repercusiones que los efectos secundarios de estos fármacos tienen para la conducción. Se estima que, en aproximadamente una cuarta parte de los casos, estos medicamentos contienen una advertencia sobre su posible relación con la capacidad de conducción (DGT y Universidad de Valladolid, 2003). Además, no debemos olvidar el porcentaje significativo de personas que se automedican (toman fármacos sin prescripción facultativa) y desconocen los potenciales riesgos de los fármacos sobre la conducción. El 3,3 % en el caso concreto de la depresión, el 9,7 % en el de la ansiedad, el 24,4 % en los trastornos del sueño o el 31,5 % para relajarse o dormir.

En este contexto, los medicamentos son, por tanto, uno de los factores que pueden afectar la capacidad para conducir un vehículo de forma segura. Si bien no constituyen la principal causa de accidentalidad, la elevada incidencia de conductores bajo tratamiento con fármacos lo convierte en un aspecto de gran relevancia para la seguridad vial. Se ha comprobado que entre el 5 y el 10 % de los casos, los fallecidos o heridos en accidente de tráfico, habían consumido algún tipo de medicamento con efecto psicoactivo, lo cual no sorprende, si consideramos que en España, un 30 % de los conductores toma habitualmente algún medicamento (González Luque, 2001; DGT, 2003).

En gran parte de los casos, el paciente desconoce el riesgo potencial de esos medicamentos, puesto que con frecuencia el personal sanitario no informa acerca de los efectos del tratamiento sobre la capacidad para conducir. Eso supone que casi tres cuartas partes de los conductores no son conscientes de la influencia de los fármacos utilizados para combatir el insomnio, para relajarse/dormir; mientras que más del 60 % desconoce los efectos de los medicamentos utilizados para tratar la depresión (66 %) y la ansiedad (64 %) en la conducción.

Entre los efectos secundarios de los fármacos sobre la conducción podemos mencionar: mareos, somnolencia, visión borrosa, inestabilidad, disminución de la atención, desmayos, mayores tiempos de reacción y efectos extrapiramidales. En muchos casos, incluso aparecen efectos de dependencia y disminución del efecto a través del tiempo (Medical Conditions and Medications That May Impair Driving).

La indisposición de los conductores
Si tenemos en cuenta que una gran parte de la población, por no decir toda, interacciona con el tráfico (ya sea como peatón, conductor o pasajero de vehículos), podemos advertir la relación negativa que los problemas de salud pueden tener con la conducción.

Centrándonos en los conductores, se puede afirmar que no existe una concienciación clara de la relación de las alteraciones psicológicas y mentales (especialmente la depresión, la ansiedad y el estrés) con la conducta en el tráfico y las consecuencias que puede suponer para uno mismo y para el resto de conductores.

Según nuestro estudio, el 44 % de los conductores españoles reconoce que se ha sentido alguna vez indispuesto para conducir. Entre las principales razones que llevan a los conductores españoles a pensar que no están en condiciones para ello, están las relacionadas con molestias físicas (77 %), y no tanto con las molestias psicológicas (14 %).

Del 44 % de conductores españoles que se han encontrado indispuestos para conducir alguna vez, el 37,5 % ha seguido conduciendo y el 62,5 % no ha seguido conduciendo. Los conductores que deciden conducir, aunque son conscientes de no estar en condiciones para hacerlo, son en mayor medida mujeres, conductores con elevada exposición al riesgo y aquellos que actualmente están laboralmente activos. Los conductores que deciden no conducir cuando piensan que no están en condiciones para ello son, mayoritariamente: hombres, mayores de 65 años, no asumen riesgos durante la conducción, actualmente no están trabajando o trabajan por cuenta propia.

En cuanto a la percepción o reconocimiento del tipo de indisposición (física o psicológica) para conducir, son los hombres quienes manifiestan en mayor medida que el malestar físico ha sido la causa de haber pensado `no estoy en condiciones para conducir`, con un 58,6 %; mientras que las mujeres destacan en mayor medida que un malestar psicológico o emocional les ha llevado a pensar que no estaban en condiciones para conducir (60 %).

Por lo tanto, se puede afirmar que los hombres están menos sensibilizados, y, por tanto, son menos conscientes que las mujeres, de la influencia de los aspectos psicológicos y emocionales en nuestro bienestar o malestar subjetivo.

Por otra parte, casi la mitad de los conductores (46,9 %) reconoce que su conducción se vio perjudicada cuando decidió conducir, pese a considerar que no estaba en condiciones óptimas para ello. En ese caso se encuentran, fundamentalmente, los hombres, conductores de turismos y los conductores que actualmente están trabajando.

Podemos concluir, pues, que existe un colectivo de conductores españoles (aproximadamente la mitad de la población) que es consciente del peligro y que reconoce, `desde la experiencia`, que la conducción se deteriora si perciben que no está en condiciones de salud óptimas, pero que la necesidad imperiosa de cumplir obligaciones laborales y/o personales puede llevarles a conducir aun cuando piensen que no están en condiciones para ello.

Asimismo, de los conductores españoles que se han sentido indispuestos para conducir por motivos físicos, el 64,8 % ha dejado de conducir, mientras que en el caso de un malestar psicológico este porcentaje es del 52 %. Por lo tanto, la conciencia de indisposición está mucho más presente cuando el malestar tiene un origen físico. Es decir, cuando la causa del malestar es física, es más probable que los conductores decidan no utilizar el vehículo, mientras que si la causa es psicológica o emocional, no ocurre lo mismo.

El cansancio, el alcohol, las emociones negativas (preocupaciones), el sueño, los dolores de cabeza y los resfriados o gripes son las causas que más afectan la conducción para el 78 % de los conductores españoles. En el caso del estrés, la ansiedad y la depresión son razones planteadas únicamente por el 4,8 % de los entrevistados.

Estos resultados ponen de manifiesto que los conductores son mucho más conscientes del efecto del alcohol, drogas y fármacos sobre la conducción, pero carecen de información sobre el deterioro cognitivo, psicológico y motor de muchas alteraciones psicofísicas que, evidentemente, afectan de modo negativo la conducción.

Incompatibilidad entre la baja laboral y la conducción
La OMS estima que para el 2020, el estrés laboral se incrementará y será la tercera causa de morbilidad, tras las enfermedades coronarias y los accidentes de tráfico, y la primera causa de incapacidad laboral. En España, actualmente, es ya la segunda causa de baja laboral. Por esa razón, resulta especialmente preocupante el dato que nos indica que un 22 % de los conductores españoles manifiesta seguir conduciendo cuando se encuentra en una situación de baja laboral.

Y es preocupante porque si consideramos que muchos de los motivos laborales son razones suficientes, desde un punto de vista práctico (que no legal, tal y como está actualmente en la normativa) para dejar de conducir, con esta situación se está incrementando artificialmente el riesgo en el tráfico (para los usuarios que están de baja y para el resto).

En el otro extremo, solo un porcentaje muy escaso de conductores (10,8 %), piensa que hay una evidente incompatibilidad/afectación entre conducción y el estado de baja laboral.

Esta situación evidencia la necesidad de contar con una mayor corresponsabilidad entre los profesionales de la salud, la Administración y los propios conductores para asumir y aplicar la necesidad de una buena salud física y psicológica para conducir de forma saludable.

Sistema de reconocimiento médico-psicológico Respecto a las opiniones de la población conductora sobre el sistema existente de reconocimiento médico-psicológico para la obtención/renovación de la licencia de conducción, casi tres cuartas partes de nuestros conductores (72,1 %) valoran poco exhaustivo y muy poco fiable el proceso de valoración de aptitudes psicofísicas que en nuestro país se sigue para la obtención-renovación del permiso de conducción.

Existe también un elevado porcentaje de conductores, concretamente el 84,4 %, que se muestran a favor de la retirada temporal del carné de conducir si la revisión médica revela un diagnóstico que así lo aconseja; mientras que un porcentaje bajo de conductores (15,6 %) se muestra en contra de esta postura.

Salud Vial ¿El conductor a terapia?

Estas son algunas de las conclusiones recogidas en el estudio `Salud vial. Diagnóstico de los conductores españoles, realizado por Attitudes, la iniciativa social de Audi en temas de educación vial, con motivo de la organización de la 7.ª edición de las Jornadas de Reflexión de Attitudes que, bajo el título Salud Vial ¿el conductor a terapia?, se celebrará en Madrid el 29 de octubre.

Como información de base para la 7.ª edición de las Jornadas de Reflexión Attitudes, se ha realizado también el estudio Salud vial. Teoría y prácticas de los trastornos físicos y psíquicos en la conducción, una investigación de carácter documental que analiza en profundidad la influencia de las enfermedades, especialmente las psíquicas, en la seguridad vial.

Ambas investigaciones han servido de punto de partida para la discusión entre destacados especialistas nacionales e internacionales, que han participado en varios Focus Groups convocados por Attitudes para debatir sobre diferentes aspectos relacionados con la salud y la conducción. Los resultados de las investigaciones y las conclusiones elaboradas en dichos Focus Groups se darán a conocer en el marco de la séptima Jornada de Reflexión, que contará como conferenciante con el escritor, profesor e investigador en Reducción de Estrés (MBSR), Andrés Martín; además de representantes de la DGT, Ministerio de Sanidad, Fiscalía de Seguridad Vial, Comisión de Seguridad Vial del Congreso de Diputados, sociedades médicas y Centros Médicos de Reconocimiento de Conductores.

Los conductores que utilizan un GPS se sienten menos estresados

Según un estudio encargado por TomTom a la compañía holandesa de investigación TNO, los sistemas de navegación GPS ejercen una influencia positiva tanto en la conducción como en la seguridad vial, asegurando que el 62 % de los conductores españoles que utiliza un sistema de navegación GPS se siente menos estresado al volante. Entre otras conclusiones, el estudio señala que el uso de sistemas de navegación aumenta la atención y reduce los niveles de estrés, al disminuir la carga de trabajo a la que se ve sometido el conductor.

Dicho estudio, efectuado entre distintas instituciones de Europa y Estados Unidos, se basa en la respuesta de conductores de España, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Estados Unidos, con el objetivo de conocer cuáles son los efectos que los sistemas de navegación tienen en la seguridad en carretera.

Principales conclusiones entre los encuestados españoles

– Los sistemas de navegación reducen la carga de trabajo del conductor. Así, el 47 % de los españoles encuestados asegura que el uso de los sistemas de navegación facilita la atención en la carretera.

– El uso de los sistemas de navegación tiene un efecto positivo en el comportamiento del conductor. El 57 % de los usuarios españoles afirmó sentirse más seguro frente al tráfico desde que utiliza algún sistema de navegación.

– El uso de los sistemas de navegación reduce el estrés al que se ve sometido el conductor. El 62 % de los conductores se siente menos estresado al conducir desde que los utiliza.

– El uso de los sistemas de navegación tiene un efecto positivo en la atención del conductor, puesto que el 65 % de los usuarios españoles afirman que mantienen un mayor control durante el viaje desde que utilizan sistemas de navegación.

– Los sistemas de navegación reducen las distancias recorridas y el tiempo empleado. Los vehículos utilizados en dicho estudio reflejaron que tanto la distancia recorrida como el tiempo empleado para llegar a su destino fueron más cortos. Estos efectos se derivan de una conducción más eficaz al utilizar sistemas de navegación. Dado el menor número de kilómetros recorridos, en combinación con una mejor utilización del combustible, el consumo total se redujo gracias a los sistemas de navegación.

Según el director general para España y Portugal de TomTom, Nuno Gomes, “contar con un estudio independiente que confirme cómo los GPS contribuyen a mejorar la seguridad en carretera, así como a reducir el número de kilómetros recorridos y, por tanto, las emisiones de CO₂ al medioambiente, supone una excelente noticia. TomTom ha liderado el mercado de la navegación incorporando funciones muy innovadoras de seguridad en sus dispositivos tales como el sistema de llamada con manos libres, el menú de emergencia “Help me!” o las instrucciones por voz”.

Conducir con demasiadas cosas en la cabeza es peligroso

La conducción requiere una máxima atención ante la gran cantidad de improvistos que nos pueden surgir al volante. Por este motivo, el estar centrado exclusivamente en la conducción para evitar peligros era algo ya asumido por todo el mundo. Sin embargo, investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada, han probado cuáles son los factores que intervienen en la toma de decisiones ante situaciones de riesgo, entre ellos la carga mental y emociones como el enfado o la tristeza.

Emociones como la ira, la alegría o el miedo intervienen a la hora de conducir. Esta es la conclusión de una investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada que ha demostrado, mediante una serie de ensayos en simuladores, que conducir y estar pensando en otra cosa que no sea en la carretera aumenta el riesgo de accidente.

Según los expertos, cuanto más carga mental, cantidad de esfuerzo que se requiere para conseguir un resultado, más distracción y, por lo tanto, más riesgo. Contestar una llamada telefónica mientras se conduce nos distraería, pero sería mucho más peligroso el que en esa conversación surgiera una discusión, nuestra carga mental aumentaría, la distracción se elevaría y el riesgo de sufrir un accidente sería máximo.

Por este motivo, los anuncios de la Dirección General de Tráfico que vemos por televisión usan emociones como el miedo, con una noción negativa, pero no buscan provocar el enfado con sus campañas, porque el enfado aumentaría la probabilidad de una situación de riesgo.

A través del estudio de los resultados de las pruebas en simulador, este grupo de investigadores ha podido comprobar que las personas más arriesgadas al volante sienten más estrés derivado del esfuerzo que ponen al conducir. Este tipo de conductor no se fija en los puntos claves provocando un aumento del número de accidentes o conductas arriesgadas. Para Leandro Di Stasi, responsable del experimento, esta circunstancia les ha llevado a pensar que el factor determinante de las conductas de riesgo es, por un lado, “la atención que se presta a la conducción y los distractores” y, por otro, la “falta de entrenamiento y experiencia en situaciones peligrosas”.



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