La IA ahorra hasta tres horas semanales a los empleados, aunque parte se esfuma en revisiones
El 74% de los trabajadores españoles se siente hoy más productivo gracias al uso de la inteligencia artificial y asegura ahorrar entre una y tres horas semanales en sus tareas habituales. Sin embargo, una parte relevante de ese tiempo se pierde en revisar, corregir o rehacer contenidos generados por la propia tecnología —un proceso que para el 42% de los empleados supone hasta una hora de trabajo a la semana—, lo que reduce el impacto real de la IA en el día a día de las empresas.
Así lo refleja el informe global ‘Más allá de la productividad: medir el valor real de la IA‘, elaborado por Workday, que analiza cómo están utilizando esta tecnología las organizaciones y hasta qué punto los ahorros de tiempo se traducen —o no— en resultados de mayor valor. En España, aunque el uso de la IA está cada vez más extendido, todavía existe una brecha clara entre la eficiencia prometida y los beneficios reales obtenidos.
Uso creciente de la IA, pero con fricciones
En el mercado laboral español, la adopción de la IA ya es una realidad cotidiana. Hasta un 28% de los empleados afirma utilizarla a diario, mientras que la mayoría —un 58%— recurre a estas herramientas varias veces a la semana. Esta frecuencia de uso se traduce, en términos generales, en una percepción positiva de la productividad.
No obstante, el informe advierte de una “fricción” significativa: gran parte del tiempo ganado se destina a revisar resultados generados por herramientas genéricas de IA. En concreto, el 42% de los profesionales en España dedica hasta una hora semanal a esta tarea, una cifra que se sitúa por encima de la media global (37%) y en línea con la tendencia observada en EMEA (40%).
Este fenómeno explica por qué, aunque los empleados trabajan más rápido, no siempre consiguen mejores resultados. Según el estudio, a nivel global casi el 40% del tiempo ahorrado gracias a la IA se pierde corrigiendo errores, reescribiendo textos o verificando información, lo que genera una falsa sensación de productividad.
La paradoja de la productividad de la IA
El informe pone cifras a esta paradoja. A nivel mundial, el 85% de los trabajadores asegura ahorrar entre una y siete horas semanales gracias a la IA, pero solo el 14% obtiene resultados totalmente positivos de forma consistente. En la práctica, por cada diez horas de eficiencia ganadas, cerca de cuatro se pierden en reelaborar contenidos de baja calidad.
Además, los empleados que utilizan la IA a diario son los más optimistas respecto a su potencial —más del 90% cree que les ayudará a lograr mejores resultados—, pero también los que soportan una mayor carga de trabajo adicional. El 77% de estos usuarios revisa los contenidos generados por la IA con la misma atención, o incluso más, que el trabajo realizado por otras personas.
El impacto tampoco es homogéneo por edades. Casi la mitad (46%) de los trabajadores que más tiempo dedican a revisar y corregir contenidos generados por la IA tiene entre 25 y 34 años. Aunque se les considera perfiles especialmente familiarizados con la tecnología, son quienes más tiempo invierten en verificar los resultados.
La brecha entre formación y uso real
Uno de los factores clave que explica esta situación es la falta de formación adecuada. Aunque el 66% de los directivos a nivel global sitúa la capacitación como una de sus principales prioridades, solo el 37% de los empleados que revisan con frecuencia contenidos creados por IA tiene acceso a formación específica.
En España, el patrón se repite: el 68% de los directivos afirma priorizar la reinversión de la productividad obtenida en programas de aprendizaje y desarrollo, pero solo el 53% de los empleados percibe un aumento real de estas iniciativas. A ello se suma que, en la mayoría de las empresas (89%), menos de la mitad de los puestos de trabajo se han actualizado para reflejar las nuevas capacidades asociadas a la IA, lo que obliga a los equipos a usar herramientas avanzadas dentro de estructuras laborales que no han evolucionado.
Reinvertir el tiempo ganado en las personas
El estudio identifica qué están haciendo de forma diferente las organizaciones que sí logran transformar la eficiencia en valor real. La clave no está solo en implantar IA, sino en reinvertir el tiempo ahorrado en las personas, mediante el desarrollo de nuevas capacidades, la evolución de los roles y la modernización de los procesos de trabajo.
“Muchas soluciones de IA trasladan a los usuarios la responsabilidad de garantizar la fiabilidad, la precisión y la coherencia de los resultados”, afirma Gerrit Kazmaier, presidente de Producto y Tecnología de Workday. “Nuestro objetivo es que la IA asuma la complejidad en segundo plano para que las personas puedan centrarse en lo que realmente aporta valor, como el criterio, la creatividad y las relaciones interpersonales”.
Las compañías que apuestan por este enfoque consiguen que los empleados utilicen el tiempo ganado para aportar más valor a su trabajo —con análisis más profundos, mejores decisiones y mayor pensamiento estratégico— en lugar de limitarse a asumir más tareas. De hecho, el 79% de los profesionales con experiencias positivas con la IA ha recibido formación para desarrollar nuevas habilidades.
El papel del factor humano
Desde la perspectiva empresarial, el informe concluye que invertir en las personas es la vía más rápida para reducir la reelaboración, optimizar los resultados y convertir la productividad de la IA en un impacto sostenible para el negocio.
Luis Zamora, CHRO de Iberostar Group, cliente de Workday, lo resume así: “En un sector donde la experiencia del cliente depende directamente de las personas, la IA no debe sustituir el criterio humano, sino potenciarlo”. En su opinión, la tecnología debe integrarse en procesos como la selección, la formación o el análisis de datos, “aportando valor en términos de eficiencia y personalización”, y actuando como una aliada tanto para la experiencia del empleado como para la del cliente.
El informe subraya que el verdadero reto no es cuánto tiempo ahorra la inteligencia artificial, sino cómo se utiliza ese tiempo. Sin una reinversión clara en formación, actualización de roles y fortalecimiento del criterio humano, la IA corre el riesgo de convertirse en una herramienta que acelera el trabajo, pero no mejora sus resultados. Por el contrario, cuando las organizaciones apuestan por las personas, la tecnología se transforma en un motor real de valor y competitividad.
