Dos décadas después del primer crash test, los coches mejoran en seguridad

Dos décadas después del primer crash test, los coches mejoran en seguridad
NOTICIA de Javi Navarro
11.10.2007 - 19:15h    Actualizado 24.06.2021 - 13:22h

Crash_Test.jpgHan pasado veinte años desde que distintos clubes automovilísticos europeos, entre ellos el RACE, efectuaron la primera prueba de choque de un coche (‘crash test’) para investigar y mejorar aspectos relacionados con la seguridad. Dos décadas después, los resultados muestran importantes avances, con la introducción en los vehículos de distintas mejoras y elementos destinados a disminuir los daños derivados de un impacto.

Con motivo de este particular aniversario, el RACE y sus socios europeos han realizado una prueba de choque frontal entre dos vehículos: un utilitario moderno y un automóvil de clase media de hace veinte años. El resultado de la colisión, efectuada a una velocidad de 56 kilómetros por hora y con un 50 % de solapamiento, pone de relieve que “si bien el conductor del utilitario moderno sufrió heridas de consideración, no había que temer por su vida. Es un resultado muy positivo, si tenemos en cuenta que el vehículo contra el que choca es más grande y más pesado, es decir, tiene un recorrido de deformación más prolongado (zona de absorción de impacto) y también pesa alrededor de 100 kg más“. Respecto al vehículo antiguo, el ensayo muestra que “el conductor del vehículo antiguo sufrió varias lesiones que pusieron su vida seriamente en peligro y, además, quedó atrapado en la cabina al quedar destrozada. Asimismo, su rescate se dificultó, porque las puertas del vehículo se pudieron abrir sólo con la ayuda de herramientas“.

Según el RACE, esta prueba demuestra que la cabina de pasajeros se mantiene estable en el vehículo moderno, el volante no penetra ni lesiona al conductor y que el espacio para los pies no se deforma, en contraste con lo que sucede con el automóvil antiguo, donde los efectos del impacto son mucho más contundentes. El informe señala que, de cara al futuro, “el objetivo tiene que ser que todos los vehículos vayan equipados con una especie de ‘coraza’, en la que el vehículo contrario pueda apoyarse en caso de accidente. Si, adicionalmente, la energía del impacto puede reducirse en la zona de absorción del impacto, será posible mantener lo más bajo posible el riesgo traumático para todos los pasajeros“.

Uno de los elementos que más puede contribuir a reducir los daños por impacto es el airbag. De este modo, mientras que en 1987 tan sólo unos pocos vehículos contaban con este dispositivo de seguridad, al que se podía acceder con un recargo sobre el precio, en 1995 el 83 % de los nuevos coches estaba ya equipado con airbag de conductor. En 2006, casi todos los vehículos contaban con airbag, tanto de conductor como de copiloto, mientras que el 80 % de los nuevos vehículos disponía ya de airbags laterales.



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