En Barcelona, el calor nocturno causa más muertes que el diurno y el riesgo aumenta desde los 24 grados
Las noches de calor ya representan un mayor riesgo para la salud que las altas temperaturas diurnas en Barcelona. Dos estudios del Centro de Política de Suelo y Valoraciones (CPSV) de la Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech (UPC) concluyen que las temperaturas mínimas elevadas provocaron más muertes atribuibles al calor que las máximas entre 2007 y 2018 y sitúan el umbral de riesgo significativo para la salud en la ciudad a partir de los 24 °C durante la noche. Los investigadores advierten además de que los actuales sistemas públicos de alerta infravaloran este peligro y reclaman adaptar tanto las políticas sanitarias como la certificación energética de las viviendas a la realidad climática actual.
Barcelona se ha convertido en uno de los principales puntos calientes del calentamiento urbano. Así lo sostienen dos investigaciones desarrolladas por el Centro de Política de Suelo y Valoraciones (CPSV) de la Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech (UPC), cuyos autores alertan de que el aumento de las temperaturas nocturnas está teniendo un impacto directo sobre la salud de la población, especialmente entre las personas mayores.
Los trabajos, dirigidos por la profesora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) Blanca Arellano, junto a los investigadores Josep Roca, Dolors Martínez y Carina Serra, no solo analizan cómo ha cambiado el clima de la ciudad durante las últimas décadas, sino que también cuestionan la eficacia de los actuales sistemas de alerta por calor y el modelo de certificación energética de las viviendas.
Las noches cálidas provocaron más muertes que las altas temperaturas diurnas
Uno de los principales hallazgos del estudio es que, en Barcelona, las temperaturas nocturnas persistentes representan un mayor riesgo para la salud que las diurnas.
El análisis realizado por el CPSV, a partir de los datos de mortalidad diaria registrados por la Agencia de Salud Pública de Barcelona entre 2007 y 2018, atribuye 721 fallecimientos a las elevadas temperaturas mínimas nocturnas, frente a las 571 defunciones relacionadas con las temperaturas máximas diurnas.
Los investigadores explican que el calor acumulado durante la noche impide que el organismo pueda recuperarse adecuadamente tras las altas temperaturas del día, incrementando el riesgo para la salud.
Por ello, desde el CPSV consideran que “tenemos que pasar de hablar de ‘olas de calor meteorológicas’ a ‘olas de calor sanitarias'”, poniendo el foco no solo en las temperaturas máximas, sino también en el impacto real que estas tienen sobre la población.
El riesgo para la salud comienza antes de lo que marcan muchas alertas oficiales
A partir de la metodología desarrollada por el equipo investigador, el CPSV concluye que el riesgo significativo para la salud en Barcelona comienza cuando las temperaturas alcanzan los 30,2 °C durante el día y los 24 °C durante la noche, siempre que estas condiciones se mantengan durante tres días o noches consecutivos.
Sin embargo, los investigadores consideran que los sistemas públicos de aviso por calor no reflejan adecuadamente esta realidad.
Según explican, el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud 2026 del Ministerio de Sanidad únicamente utiliza las temperaturas máximas para emitir alertas, mientras que el Servei Meteorològic de Catalunya, aunque sí incorpora las mínimas, fija umbrales nocturnos de 27 °C para el calor intenso y de 29 °C para el muy intenso, valores que el CPSV considera demasiado elevados para proteger adecuadamente a la población.
Las personas mayores concentran el mayor riesgo
Los estudios identifican a las personas mayores como el colectivo más vulnerable frente al incremento de las temperaturas, especialmente durante la noche.
En 2025 residían en Barcelona 361.914 personas de 65 años o más, una cifra que, según las proyecciones recogidas en la investigación, podría superar las 700.000 personas en 2050.
Los datos muestran además que el calor extremo afecta especialmente a este grupo de población.
Durante 2025, el Instituto de Salud Carlos III atribuyó 342 muertes por exceso de calor entre mayores de 65 años en la demarcación de Barcelona, lo que representa el 88% del total de fallecimientos estimados por esta causa.
En la ciudad, cerca del 80% de las 370 muertes relacionadas con temperaturas extremas correspondieron a personas de 75 años o más, según la Agencia de Salud Pública de Barcelona.
Ante esta situación, los investigadores consideran que los sistemas públicos de aviso deberían adaptarse a los distintos grupos de edad para mejorar la protección de quienes presentan una mayor vulnerabilidad.
Barcelona es casi cuatro grados más cálida por la noche que hace medio siglo
Las investigaciones también constatan una transformación muy significativa del clima de la ciudad.
Entre 1971 y 2025, la temperatura media de Barcelona aumentó 3,22 °C, pasando de 15,82 °C a 19,04 °C.
Sin embargo, el incremento más acusado se produjo durante la noche.
Las temperaturas mínimas crecieron 3,87 °C, frente a los 2,57 °C registrados en las máximas diurnas.
Según el CPSV, este calentamiento responde principalmente al efecto de la isla de calor urbana nocturna, favorecida por la elevada densidad edificatoria, la impermeabilización del suelo, el escaso número de zonas verdes y la ausencia de brisas refrescantes durante la noche.
Los investigadores subrayan que el incremento registrado en Barcelona supera ampliamente el observado en el conjunto de España, en la región mediterránea e incluso a escala mundial.
Las viviendas tampoco están preparadas para el nuevo clima
Las conclusiones de los estudios trascienden el ámbito sanitario y alcanzan también al parque residencial. El CPSV sostiene que el actual sistema de certificación energética de las viviendas no refleja el comportamiento térmico real de ciudades mediterráneas como Barcelona. De hecho, la certificación energética infravalora hasta 5 °C el calor real de Barcelona.
Según sus cálculos, las necesidades potenciales de refrigeración ya superan ampliamente a las de calefacción. Solo durante 2025, la demanda anual de refrigeración alcanzó los 7.484.404 kWh, una cifra que multiplica por 2,92 las necesidades de calefacción.
Además, casi un 30% de esa demanda de refrigeración se produce durante la noche y aproximadamente dos terceras partes corresponde únicamente a reducir la humedad para alcanzar unas condiciones de confort aceptables.
Sin embargo, el Código Técnico de la Edificación continúa utilizando una zonificación climática basada en registros históricos que, según el CPSV, infravalora la temperatura real de Barcelona en más de 4 °C de media, llegando a casi 5 °C durante el verano.
Como consecuencia, el sistema oficial continúa estimando que las necesidades energéticas derivadas de la calefacción multiplican por siete las de refrigeración, una situación que los investigadores consideran alejada de la realidad climática actual.
Los investigadores piden pasar de la rehabilitación energética a la rehabilitación climática
A la vista de estos resultados, el equipo del CPSV considera urgente adaptar tanto la normativa como las políticas públicas al nuevo escenario climático.
Los investigadores defienden evolucionar desde el actual modelo de “rehabilitación energética”, centrado principalmente en reducir el consumo de calefacción, hacia una verdadera “rehabilitación climática”, basada en soluciones bioclimáticas capaces de mejorar el confort térmico y proteger la salud de las personas durante las olas de calor.
En este sentido, los profesores Blanca Arellano y Josep Roca consideran que, mientras no se modifique el marco normativo europeo, “debería tenerse en cuenta la adaptación climática de las viviendas, a escala nacional, mediante ayudas directas o indirectas como deducciones fiscales en el IRPF”.
