La certificación energética infravalora hasta 5 grados el calor real de Barcelona, según la UPC
La certificación energética de los edificios no refleja la realidad climática actual de Barcelona. Dos estudios del Centro de Política de Suelo y Valoraciones (CPSV) de la Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech (UPC) concluyen que el sistema oficial infravalora en más de 4 °C la temperatura media de la ciudad —la diferencia llega a rozar los 5 °C durante el verano— y continúa considerando que las viviendas necesitan mucha más energía para calentarse que para refrigerarse. Los investigadores reclaman revisar el procedimiento de cálculo y pasar de la rehabilitación energética tradicional a una “rehabilitación climática” adaptada al calor y a la humedad del clima mediterráneo.
La clasificación climática utilizada para calcular la eficiencia energética de las viviendas de Barcelona se basa en registros meteorológicos que ya no representan las condiciones actuales de la ciudad.
Así lo advierten dos investigaciones del Centro de Política de Suelo y Valoraciones (CPSV) de la Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech (UPC), desarrolladas por un equipo interdisciplinar formado por los profesores de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) Blanca Arellano, responsable de los trabajos, y Josep Roca, ambos doctores en Arquitectura, junto a las doctoras en Física Dolors Martínez, de la ETSAB, y Carina Serra, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de Barcelona (ETSEIB).
Los investigadores sostienen que el actual sistema de certificación energética sobrevalora las necesidades de calefacción e infravalora la demanda de refrigeración de las viviendas. Esta desviación cobra especial relevancia en una ciudad donde las temperaturas mínimas nocturnas han aumentado 3,87 °C entre 1971 y 2025 y donde, según los mismos estudios, el calor nocturno ya causa más muertes que las altas temperaturas diurnas.
Barcelona necesita casi tres veces más energía para refrigerarse que para calentarse
Los cálculos del CPSV muestran que las necesidades potenciales de refrigeración ya superan ampliamente a las de calefacción en Barcelona.
Durante 2025, la carga anual de refrigeración alcanzó los 7.484.404 kWh, mientras que las necesidades de calefacción se situaron en 2.563.937 kWh.
Esto significa que la demanda potencial de energía para refrigerar los edificios multiplicó por 2,92 la requerida para calentarlos.
La refrigeración predomina especialmente entre junio y septiembre, pero una parte importante de esa necesidad energética no se concentra únicamente durante las horas centrales del día.
Casi el 30% de la demanda potencial de refrigeración se produce durante la noche. Además, aproximadamente dos terceras partes de ese gasto nocturno están destinadas exclusivamente a reducir la humedad —el denominado calor latente— para alcanzar unas condiciones de confort adecuadas.
Este control de la humedad resulta especialmente relevante en Barcelona, una ciudad caracterizada por registrar una elevada humedad nocturna.
El sistema oficial sigue considerando que Barcelona tiene un clima relativamente frío
A pesar de estos resultados, la zonificación climática regulada por el Código Técnico de la Edificación (CTE) sitúa a Barcelona en la zona C2, la misma clasificación asignada a Ourense.
Esta zonificación se establece principalmente en función de la provincia y la altitud y constituye uno de los elementos fundamentales para calcular las cargas energéticas de los edificios y sus emisiones de dióxido de carbono.
Sin embargo, el CPSV sostiene que el modelo se apoya en registros meteorológicos antiguos y no incorpora adecuadamente el calentamiento experimentado por Barcelona durante las últimas décadas.
Según los estudios, el Código Técnico de la Edificación infravalora la temperatura real de Barcelona en más de 4 °C de media. Durante los meses de verano, la diferencia llega a aproximarse a los 5 °C.
El resultado es una certificación energética que, de acuerdo con los investigadores, invierte la realidad climática de la ciudad.
Mientras los estudios del CPSV concluyen que la refrigeración requiere actualmente casi tres veces más energía que la calefacción, el sistema oficial estima que las necesidades energéticas para calentar las viviendas multiplican por siete las de refrigerarlas.
A efectos de la certificación energética, Barcelona continúa siendo tratada como una ciudad con un clima relativamente frío.
La certificación tampoco diferencia entre el confort de día y de noche
Los investigadores señalan otra limitación del sistema: la certificación energética actual no diferencia adecuadamente entre los umbrales de confort necesarios durante el día y durante la noche.
En invierno, la temperatura que una persona necesita para encontrarse cómoda mientras duerme puede ser inferior a la requerida durante las horas de actividad. No considerar esta diferencia puede llevar a sobrevalorar las necesidades de calefacción nocturna.
En verano sucede lo contrario. Una temperatura de 25 °C puede resultar aceptable durante el día, pero ser excesivamente elevada para dormir y descansar adecuadamente durante la noche.
Por este motivo, el CPSV considera que el sistema actual también infravalora las necesidades reales de refrigeración nocturna.
A ello se añade el efecto de la humedad relativa. Una humedad elevada dificulta que el cuerpo pueda refrescarse mediante la evaporación del sudor y empeora la sensación térmica, aunque la temperatura del aire no alcance valores extremadamente altos.
La certificación energética no aborda suficientemente esta problemática del calor húmedo, característica de ciudades situadas en la costa mediterránea como Barcelona.
Faltan datos sobre la temperatura real dentro de las viviendas
El CPSV también advierte de que existe un importante déficit de información sobre las condiciones climáticas que se registran dentro de los hogares.
Aunque existen índices para evaluar el confort interior de los edificios, los investigadores consideran que no se ha estudiado suficientemente el descanso nocturno durante los episodios de temperaturas extremas.
Tampoco existe una base de datos oficial que permita conocer de forma sistemática el clima interior —tanto diurno como nocturno— de las viviendas españolas.
Para corregir esta carencia, el CPSV propone crear una red basada en la ciencia ciudadana que permita monitorizar los principales parámetros climáticos dentro de las viviendas y relacionarlos con:
- La sensación de confort de sus ocupantes.
- La temperatura interior durante el día y la noche.
- La humedad relativa.
- Las características constructivas del edificio.
- La capacidad de ventilación y refrigeración de la vivienda.
Esta información permitiría conocer mejor cómo responden los diferentes tipos de edificios ante las olas de calor y facilitaría la implantación de verdaderos planes de frío y calor, tal y como exige la normativa europea de eficiencia energética.
Una vivienda muy aislada puede retener el calor durante el verano
Los investigadores también cuestionan que las políticas de rehabilitación diseñadas para los climas fríos del norte de Europa se apliquen de la misma manera en los territorios mediterráneos.
Las directivas europeas de eficiencia energética se han centrado principalmente en mejorar el aislamiento térmico de las viviendas para evitar la pérdida de calor durante el invierno.
Este planteamiento puede resultar eficaz para reducir la demanda de calefacción, pero no siempre responde adecuadamente a las necesidades de refrigeración y ventilación de las ciudades mediterráneas.
Según explica el CPSV, una envolvente muy aislada y estanca puede funcionar como un “termo” durante el verano: dificulta la disipación térmica y retiene el calor generado en el interior de la vivienda.
En estas circunstancias, los edificios pueden llegar a alcanzar temperaturas interiores de entre 32 y 33 °C cuando no son ventilados adecuadamente durante la noche.
Sin embargo, la ventilación nocturna tampoco garantiza siempre que pueda reducirse la temperatura interior. Durante las noches caniculares pueden coincidir temperaturas exteriores muy elevadas, falta de viento y una humedad intensa, lo que limita la capacidad de enfriamiento de la vivienda.
Los estudios no plantean que el aislamiento térmico sea innecesario, sino que reclaman adaptar las actuaciones a las condiciones climáticas locales y combinarlo con soluciones que permitan gestionar el calor, la ventilación y la humedad.
De la rehabilitación energética a la “rehabilitación climática”
A la vista de estos resultados, los investigadores consideran que las políticas públicas deben evolucionar desde la rehabilitación energética tradicional hacia lo que denominan una “rehabilitación climática”.
La rehabilitación energética sitúa al edificio y a la reducción de su consumo como elementos principales. La rehabilitación climática propuesta por el CPSV estaría orientada directamente a las personas y a garantizar unas condiciones interiores seguras ante la realidad climática de cada territorio.
Este nuevo modelo debería incorporar soluciones bioclimáticas que permitan mantener el equilibrio entre la temperatura y la humedad, mejorar el confort de los residentes y proteger su salud durante los episodios de calor extremo.
Los investigadores consideran imprescindible que la normativa tenga en cuenta:
- Las temperaturas actuales y su evolución, en lugar de basarse únicamente en registros históricos.
- Las diferencias climáticas entre las regiones españolas.
- Las distintas necesidades térmicas durante el día y la noche.
- El efecto de la humedad sobre el confort y la salud.
- La demanda real de refrigeración de las viviendas.
- Las condiciones climáticas dentro de los edificios.
Los investigadores proponen ayudas y deducciones fiscales para adaptar las viviendas
El CPSV sostiene que el procedimiento de cálculo de la certificación energética debe modificarse con urgencia para que sus resultados se ajusten al clima actual y tengan en cuenta el progresivo calentamiento de las ciudades.
Los investigadores también consideran necesario revisar el enfoque de las directivas europeas de eficiencia energética, entre ellas la Directiva 2023/1791 y la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios 2024/1275.
Según explican, estas normas presentan un marcado sesgo hacia las necesidades de los climas fríos del norte de Europa y priorizan el aislamiento masivo de los edificios para conservar el calor.
Mientras no se produzca una modificación profunda del marco normativo europeo, los profesores del CPSV Blanca Arellano y Josep Roca proponen que la adaptación climática de las viviendas sea impulsada desde España.
“Mientras no se produzca este cambio radical del marco normativo europeo, debería tenerse en cuenta la adaptación climática de las viviendas, a escala nacional, mediante ayudas directas o indirectas como deducciones fiscales en el IRPF”, afirman ambos investigadores.
