Para llegar a centenario hay que dormir y comer poco

Para llegar a centenario hay que dormir y comer poco
NOTICIA de Javi Navarro
10.11.2011 - 19:39h    Actualizado 20.04.2021 - 10:47h

Para llegar a centenario: “Poca cama, poco plato y mucha suela de zapato”. Así lo explica Jesús Fraiz, director del Museo de la Longevidad, que ha participado en un seminario sobre “Los retos de la longevidad: cantidad versus calidad de vida”. Jesús Fraiz, director del Museo de la Longevidad y uno de los principales expertos en esta materia, participó en un seminario celebrado en la Universidad de Navarra sobre “Los retos de la longevidad: cantidad versus calidad de vida”. El especialista, que ha llevado a cabo un estudio biográfico de las personas más longevas de la historia, recurrió a la sabiduría popular al ser preguntado por el secreto para llegar a centenario: “‘Poca cama, poco plato y mucha suela de zapato'”.


Según Jesús Fraiz, “son múltiples la causas que contribuyen a vivir más años: la herencia genética; la capacidad para enfrentarse a problemas, desgracias y obstáculos de la vida y superarlos; el ambiente familiar, social y laboral; los avances científicos; factores ambientales como el aire al que nos exponemos y la comida; el ejercicio regular; y no agobiarse por los dígitos que tenemos en nuestro carnet”.

Con respecto a la situación demográfica actual, el doctor Fraiz admitió que los retos de la sociedad actual son realmente difíciles dado el vuelco que se ha producido en las pirámides de población.

“En España viven aproximadamente 10.000 personas centenarias. Si a este envejecimiento de la población le unimos el bajísimo índice de natalidad que ronda el 2,1 por ciento, el resultado es que no existe población joven suficiente para el recambio generacional que pueda asumir las necesidades de toda índole a corto plazo”.

Asimismo, añadió que “España, detrás de Japón y Francia, es el tercer país más envejecido del mundo” y manifestó su preocupación por el grueso poblacional comprendido entre los 45 y los 65 años. “Somos la ‘generación bisagra’, pues cuidamos de nuestros abuelos y padres, como agradecimiento a su sacrificio y esfuerzo, y criamos y protegemos a nuestros hijos, procurando evitarles obstáculos y problemas de toda índole”.

El estudio biográfico que lleva a cabo este psiquiatra gallego desde 1994, a través de su proyecto el Museo de la Longevidad, nos permite “ser testigo fiel de una época de la historia y los diversos cambios y evoluciones que paso a paso fue dando la medicina aunque esta fuese, en algunas épocas, pura alquimia o filosofía”.

El seminario “Los retos de la longevidad: cantidad versus calidad de vida” fue organizado por el Proyecto Fronteras y Cultura del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) del centro académico y el Foro QPEA.

Viviremos 100 años

¿Llegaremos a cumplir 100 años? Científicos de la Universidad de Boston (EEUU) afirman que, en un futuro, será posible conocer las probabilidades de vivir una larga vida. Una serie de firmas genéticas, particularmente comunes en las personas centenarias, podrían ser la clave, factores ambientales y familiares al margen. Los resultados también pueden aplicarse en el estudio del envejecimiento.

Parece que, en un futuro, sabremos si estamos capacitados para vivir 100 años o más. Investigadores de la Universidad de Boston han descubierto una serie de firmas genéticas que son particularmente comunes en gente que vive 100 años o más, en comparación con el resto de la población. Los resultados también estudian la manera en que múltiples genes influyen en el envejecimiento.

“Mientras que el estilo de vida y los factores familiares y ambientales son fundamentales en el envejecimiento saludable, las variantes genéticas desempeñan un papel crítico y complejo en la excepcional longevidad humana”, explican los autores de este estudio, liderado por Paola Sebastiani y publicado en la revista Science.

Los científicos escanearon los genomas de más de 1.000 personas centenarias y un número similar de controles, e identificaron los marcadores genéticos más diferentes con el resto de individuos seleccionados al azar. Después, los autores desarrollaron un modelo que mide la probabilidad de que una persona alcance una longevidad excepcional con un 77% de precisión.

Los investigadores también desglosaron las predicciones genéticas en 19 grupos característicos (o firmas) que se correlacionan con diferentes longitudes de vida más allá de los 100 años de edad, y con patrones diferentes de enfermedades relacionadas como demencia, hipertensión y enfermedad cardiovascular. Estas firmas caracterizaron el 90% de las personas centenarias estudiadas.

En particular, el equipo encontró que el 45% de los personas con más edad – a partir de los 110 años – tenía una firma genética con la mayor proporción de variantes genéticas de la longevidad.

“Estudios futuros de estas firmas genéticas podrían ser aplicados a otros rasgos complejos genéticos, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, el párkinson, la enfermedad cardiovascular y la diabetes”, señala Sebastiani.

Cómo vivir el doble de años y frenar el envejecimiento

Cómo vivir el doble de años y frenar el envejecimiento

Vivir el doble de tiempo y sano puede depender de unos pocos genes. Cuando esto se descubrió en gusanos hace tres décadas, comenzó una era dorada para el estudio del envejecimiento que ha proporcionado muchos resultados, pero en la que también hay mucha confusión. La revista Cell acaba de publicar un exhaustivo informe que define por primera vez todos los indicadores moleculares del envejecimiento de los mamíferos y las nueve firmas que marcan el avance del proceso. Además, el estudio combate algunos mitos, como el de que los antioxidantes frenan el envejecimiento y revisa las actuaciones que sí pueden funcionar para frenar el envejecimiento.

Los autores del informe, Maria Blasco y Manuel Serrano (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, CNIO); Carlos López-otín (Universidad de Oviedo); Linda Partridge (Instituto Max Planck para la Biología del Envejecimiento) y Guido Kroemer (Universidad de París Descartes) llegaron a la conclusión de que era necesario un análisis y decidieron compartir esfuerzos para abordar el proyecto.

“La situación actual de la investigación en envejecimiento se parece mucho a la del cáncer en décadas pasadas”, afirman los expertos. “En el campo del envejecimiento era notorio que había más teorías que evidencias experimentales”, dice Blasco, y añade: “Esta revisión no habla de teorías, sino de evidencias moleculares y genéticas”.

Para López-otín, “había llegado el momento de presentar de manera organizada y comprensible las claves moleculares de un proceso todavía muy incomprendido, pese a los miles de artículos científicos publicados cada año sobre él”.

Principales resultados
Uno de los resultados de esta revisión es que entendiendo y combatiendo el envejecimiento se lucha también contra el cáncer y las demás enfermedades de mayor incidencia en el mundo desarrollado.

La relación está clara: el envejecimiento resulta de la acumulación de daño en el ADN a lo largo de la vida, y ese proceso es también lo que origina el cáncer, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y las neurodegenerativas, como el alzhéimer.

“El envejecimiento es la causa de las enfermedades que ocurren cuando nos hacemos mayores”, explica Blasco. “ldentificar los marcadores moleculares del envejecimiento ayuda a encontrar la causa de otras patologías, como el cáncer. Esto es muy relevante”, precisa.

En el artículo se afirma que “el cáncer y el envejecimiento pueden compartir un origen común”, y se explica que pueden ser considerados “dos manifestaciones diferentes del mismo proceso subyacente”.

“No se trata de no tener arrugas”
Para Serrano, este aspecto elimina la “frivolidad” con que a menudo se aborda la investigación del envejecimiento: “No se trata de no tener arrugas ni de vivir cien años a cualquier coste, sino de prolongar la vida sin enfermedad”.

De hecho, en el artículo publicado en Cell, los investigadores son explícitos al declarar su objetivo último: contribuir a “identificar dianas farmacológicas que mejoren la salud humana durante el envejecimiento”.

“No se trata de no tener arrugas ni de vivir cien años a cualquier coste, sino de prolongar la vida sin enfermedad”
Otro de los hitos del trabajo es que no solo define los nueve indicadores moleculares del envejecimiento, sino que los ordena en primarios —la causa desencadenante—; los que conforman la respuesta del organismo a esas causas; y los fallos funcionales resultantes.

Para los expertos, la jerarquía es importante, porque el efecto que se consigue actuando sobre un tipo de proceso u otro es diferente. Incidiendo sobre un único mecanismo, si es de los primarios, es posible retrasar el envejecimiento de muchos órganos y tejidos.

Cuatro causas primarias del envejecimiento
Las causas primarias del envejecimiento son cuatro: la inestabilidad genómica; el acortamiento de los telómeros; las alteraciones epigenéticas; y la pérdida de la proteostasis. La inestabilidad genómica se refiere a los defectos que se van acumulando en los genes con el tiempo, por causas intrínsecas o extrínsecas.

El acortamiento de los telómeros —los capuchones que protegen los extremos de los cromosomas— es uno de estos defectos, pero su importancia es tal que se destaca como contraste independiente. Las alteraciones epigenéticas resultan de la experiencia vital —la exposición al ambiente—.

Por su parte, la pérdida de proteostasis tiene que ver con la no eliminación de proteínas defectuosas, que al acumularse causan patologías asociadas al envejecimiento —en el alzhéimer, por ejemplo, las neuronas mueren porque se forman placas de una proteína que debía haberse eliminado—.

Las respuestas del organismo a las causas desencadenantes son mecanismos que intentan corregir los daños, pero que, si se cronifican o exacerban, también se vuelven dañinos. Es el caso de la senescencia celular: induce a la célula a dejar de dividirse cuando acumula muchos defectos y así previene el cáncer, pero si se da en exceso los tejidos —y el organismo— envejecen.

Controlar estos procesos
También tienen este doble filo otros dos procesos muy presentes en las discusiones sobre teorías del envejecimiento: el llamado daño oxidativo, relacionado con los famosos radicales libres; y mecanismos derivados del metabolismo, relacionados a su vez con las evidencias —todavía no confirmadas en humanos— de que la restricción calórica prolonga la vida.

Todo apunta a que la realidad es más compleja que simplemente tomar antioxidantes y dejar de comer para vivir más. Los radicales libres pueden ser dañinos en grandes cantidades, pero su presencia también desencadena una respuesta protectora.

Los autores son contundentes al hablar de antioxidantes: no hay evidencia genética de que aumentar las defensas antioxidantes retrase el envejecimiento. Y, si es cierto que ante la escasez de nutrientes el organismo pone en marcha estrategias protectoras —presumiblemente, la razón de que la restricción calórica parezca dar resultado—, “con el tiempo y en exceso, pueden ser patológicas”, afirman.

El tercer grupo de indicadores emerge cuando los daños causados por los dos precedentes no pueden ser compensados. Es el caso del agotamiento de las células madre de los tejidos, que dejan de ejercer su función regeneradora; o de los errores en la comunicación intercelular, que dan lugar por ejemplo a la inflamación —un proceso que cuando ocurre de forma crónica se asocia al cáncer—.

Estrategias para frenar el envejecimiento
Para los autores, uno de los retos ahora es entender las conexiones entre todos los hallmarks y, por supuesto, investigar la forma de controlar estos procesos.

Una de las estrategias terapéuticas ya probadas con éxito en ratones es evitar el acortamiento de los telómeros. “Es un proceso que se puede frenar e incluso revertir en estos animales”, afirma Blasco, experta en el área. Ella cree que, en general, “tenemos aún mucho margen de maniobra para combatir el envejecimiento y lograr vivir más años de forma saludable”.

Para López-Otín señala que “las intervenciones dirigidas a disminuir o corregir los daños genómicos inherentes al paso del tiempo son todavía lejanas, pero las relacionadas con los sistemas de regulación metabólica pueden ser mucho más accesibles”. Y concluye: “No podemos aspirar a la inmortalidad, sino a la posibilidad de que la vida sea un poco mejor para todos”.

Envejecer, un misterio

Los científicos tratan de arrojar luz sobre las causas y procesos bioquímicos que nos llevan a envejecer. “El envejecimiento es un proceso muy complejo que afecta a la mayor parte de las funciones biológicas de un organismo, pero cuyas causas moleculares aún se desconocen en gran medida”, explica el Dr. Carlos López-Otín. “Durante los últimos años, nuestro conocimiento de los mecanismos moleculares responsables del envejecimiento humano se ha incrementado gracias al estudio de este grupo de enfermedades raras denominadas progerias, que provocan el envejecimiento acelerado de los pacientes y que ofrecen claves para comprender mejor el envejecimiento normal”. Los avances siguen adelante y ahora se ha identificado un nuevo gen que produce envejecimiento precoz: el BANF1.

Dos familias españolas con pacientes aquejados por los mismos síntomas pusieron sobre la pista a los científicos de la Universidad de Oviedo, del Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias y del Instituto de Medicina Oncológica y Molecular de Asturias, en un estudio coordinado por el Dr. Carlos López-otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo.

“A partir de los dos años de edad, los dos pacientes estudiados comenzaron a presentar evidentes signos de envejecimiento acelerado, entre los que destacaban especialmente los problemas óseos”, describe el Dr. Rubén Cabanillas, del Instituto de Medicina Oncológica y Molecular de Asturias. “La evaluación clínica detallada de estos pacientes reveló que ambos tenían las mismas alteraciones patológicas, pero no se correspondían exactamente con ninguna enfermedad conocida hasta el momento. Además, ambos pacientes carecían de mutaciones en los dos genes que hasta la fecha se habían descrito como responsables de enfermedades semejantes”, señala.

Una enfermedad desconocida
Para tratar de identificar la alteración genética responsable de esta nueva enfermedad, los científicos secuenciaron toda la parte del genoma codificante de proteínas de uno de los pacientes así como de sus padres. El resultado, tal y como explican los investigadores, es que la secuenciación del genoma de esta familia ha permitido identificar una mutación en un gen denominado BANF1, que hasta el momento no se había descrito como responsable de ninguna enfermedad. “Las nuevas técnicas de secuenciación nos permiten llevar a cabo este tipo de estudios, que hace apenas tres años eran impensables”, comenta el Dr. Xose Antón Puente, profesor de la Universidad de Oviedo.

El estudio molecular del paciente de la segunda familia permitió confirmar la presencia de exactamente la misma mutación en su genoma, explica el equipo investigador. Estudios adicionales han permitido demostrar que esta mutación provoca una gran disminución de los niveles de la proteína codificada por el gen BANF1, lo que da lugar a defectos en la membrana nuclear. Esta estructura es la cubierta que envuelve el núcleo de una célula, donde se encuentra el ADN, por lo que su alteración provoca numerosos cambios en el organismo. Finalmente, el trabajo también ha demostrado que la introducción del gen normal en las células aisladas de estos pacientes es suficiente para recuperar la estructura correcta de la membrana nuclear.

Hacia una posible aproximación terapéutica
Estudios previos habían demostrado que la mutación de otros genes implicados en la formación de la envoltura nuclear, como los denominados LMNA o ZMPSTE24, provocan el desarrollo de otros síndromes de envejecimiento acelerado. Estos trabajos han permitido al grupo de la Universidad de Oviedo diseñar un tratamiento para la progeria de Hutchinson-gilford que en la actualidad se está ensayando en pacientes de todo el mundo.

En este sentido, el Dr. López-otín señala: “es posible que el descubrimiento del gen mutado responsable de este nuevo síndrome de envejecimiento acelerado permita el futuro desarrollo de alguna aproximación terapéutica para estos pacientes. En cualquier caso, el trabajo que ahora publicamos reafirma la gran utilidad de la secuenciación de genomas para el estudio de enfermedades raras e ilustra el enorme potencial de esta tecnología para profundizar en el conocimiento de la biología humana”.

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