Trabajar siempre disponibles: el hábito que ya afecta a 4 de cada 10 profesionales
Mensajes fuera de horario y urgencias constantes en el trabajo invaden cada vez más el tiempo libre. El 41% de los profesionales reconoce que la cultura de la urgencia le impide desconectar del trabajo y un 23% señala los mensajes fuera del horario laboral como uno de los principales obstáculos. En plena era de la hiperconectividad, esta presión constante ya afecta al bienestar de cuatro de cada diez trabajadores, según una encuesta elaborada por Hays, firma especializada en selección y soluciones de recursos humanos.
El estudio confirma que, aunque cada vez es más habitual que los mensajes enviados fuera de horario —como un wasap— vayan acompañados de disculpas o que se pospongan asuntos no urgentes, la disponibilidad permanente sigue muy arraigada en la cultura empresarial. El marco legal se ha reforzado en los últimos años, pero el verdadero desafío no es normativo, sino cultural.
“Durante años se ha asociado el compromiso con estar siempre disponible. Cambiar esa mentalidad implica reaprender a trabajar y gestionar expectativas, tanto por parte de las empresas como de los propios profesionales y actualmente nos encontramos inmersos en ese proceso”, explica Fernando Calvo, director de People & Culture de Hays para el sur de Europa.
Herramientas tecnológicas sí, pero con una aplicación desigual
Muchas compañías ya han implantado soluciones para facilitar la desconexión digital, como:
- Bloqueo de notificaciones fuera del horario laboral.
- Acceso voluntario a plataformas colaborativas.
- Programación de correos electrónicos.
Sin embargo, su eficacia depende en gran medida de la cultura interna, el estilo de liderazgo y el tipo de responsabilidad del puesto. No todas las organizaciones han alcanzado el mismo grado de madurez en esta materia.
Los perfiles directivos y de alta responsabilidad son los más expuestos a la no-desconexión digital. El nivel de compromiso, la presión y la cercanía a la toma de decisiones incrementan la sensación de estar siempre “en guardia”. Además, cuando la motivación es elevada, la hiperconexión tiende a normalizarse; cuando disminuye, se percibe como una carga añadida.
El fenómeno tampoco es exclusivo de las grandes corporaciones. Autónomos, pymes y sectores con trato directo con el cliente también sufren la presión de responder de forma inmediata, independientemente del horario.
Teletrabajo y flexibilidad: una frontera cada vez más difusa
La expansión del teletrabajo tras la pandemia aceleró la difuminación de los límites entre vida profesional y personal. Esta mayor flexibilidad horaria, valorada positivamente por muchos profesionales, ha traído consigo nuevas contradicciones.
Desde Hays advierten de que “incluso cuando el trabajo gusta, la falta de barreras acaba pasando factura. Es en ese punto donde aparecen el burnout y la desconexión emocional”.
Muchos empleados optan por adaptar su jornada para conciliar mejor, trabajando en horarios menos convencionales. En este contexto, la hora pierde protagonismo frente a la expectativa de respuesta inmediata, que puede generar incomodidad o tensión.
“Programar los correos electrónicos en horarios convencionales puede ayudar a que estos diferentes modelos de trabajo puedan convivir en armonía”, añade Calvo.
Bienestar y reputación: la desconexión como ventaja competitiva
La forma en que las empresas gestionan la desconexión digital impacta directamente en su marca empleadora. Cada vez más profesionales priorizan:
- El bienestar emocional.
- La salud mental.
- El equilibrio entre vida personal y profesional.
- La conciliación real y tangible.
“La sociedad ha evolucionado y el profesional de hoy no es el de hace décadas. Se espera que el trabajo conviva con una vida personal plena y que la conciliación sea una realidad tangible. El debate no debería centrarse únicamente en cuándo se envía un mensaje, sino en qué se espera del receptor y en la cultura que se construye alrededor de esa comunicación”, subraya Calvo.
En este escenario, los gestos cotidianos —como oficinas que se vacían a última hora, líderes que concilian o culturas que respetan los tiempos personales— pesan más que las políticas escritas.
Un cambio cultural pendiente
Para Hays, el reto no pasa solo por reducir el número de correos o implantar nuevas herramientas, sino por transformar la cultura organizativa. El objetivo es que el tiempo ganado se traduzca en mayor calidad de vida y no en una nueva forma de hiperconexión encubierta.
Porque, más allá de leyes o protocolos, la desconexión digital sigue siendo una cuestión de expectativas, liderazgo y de cómo entendemos hoy el compromiso con el trabajo —y con nuestra vida personal—, además de un factor clave para la sostenibilidad del talento a largo plazo.
