9 de cada 10 trabajadores en España se han sentido impostores en su empleo
No es falta de talento, es el síndrome del impostor. Compararse con compañeros, hacer entrevistas de evaluación o cambiar de puesto; hay momentos en los que se dispara el síndrome del impostor y no es una sensación aislada ni algo exclusivo de perfiles jóvenes o inseguros. Según una encuesta elaborada por la compañía de recursos humanos Hays, el 88% de los profesionales en España asegura haber experimentado esta sensación en algún momento de su carrera laboral. De ellos, un 47% afirma haberlo vivido de forma puntual y un 41% reconoce sufrirlo con frecuencia.
La sensación de no estar suficientemente preparado, de no merecer los logros alcanzados o el miedo constante a ser descubierto como un “fraude” aparece, sobre todo, en momentos de exposición profesional, cambios laborales o procesos de evaluación. Y es que casi la mitad de los profesionales en España ha sentido que no merece sus logros: “El síndrome del impostor es mucho más común de lo que se suele pensar y no se debe a una falta real de capacidades, sino a una percepción distorsionada del propio rendimiento”, explica Silvia Pina, directora de Perm Recruitment en Hays España.
Las situaciones laborales que más activan el síndrome del impostor
El estudio identifica tres momentos especialmente delicados para los trabajadores:
- Las comparaciones con otros compañeros, señaladas por el 37% de los encuestados.
- Los procesos de selección, mencionados por un 30%.
- La incorporación a un nuevo puesto de trabajo, también con un 30%.
Según Hays, estos escenarios pueden intensificar la sensación de no estar a la altura y afectar directamente a la confianza, el bienestar o incluso al desarrollo profesional de las personas. En muchos casos, este fenómeno termina provocando autocensura profesional, dificultades para asumir nuevos retos o la renuncia a oportunidades de crecimiento laboral.
No solo afecta a perfiles jóvenes o inexpertos
Uno de los aspectos más llamativos del informe es que el síndrome del impostor también está muy presente entre profesionales con experiencia y trayectorias consolidadas. “El miedo al fracaso, la autocrítica excesiva o la dificultad para afrontar nuevos retos son rasgos habituales en quienes lo padecen. De hecho, es frecuente observarlo en profesionales con experiencia que, aun contando con resultados y reconocimiento, tienden a infravalorar sus logros o a cuestionar su propio criterio”, señala Silvia Pina.
La investigación desmonta así la idea de que esta sensación solo aparece al inicio de la carrera profesional. De hecho, puede surgir en cualquier etapa, especialmente cuando aumenta la responsabilidad o la exposición pública dentro de la empresa.
Cómo combatir el síndrome del impostor
Desde Hays explican que identificar estas sensaciones es el primer paso, aunque advierten de que reconocer el problema no es suficiente. La gestión debe hacerse tanto a nivel individual como desde las propias organizaciones. Entre las recomendaciones que plantea la compañía destacan:
- Registrar los logros profesionales para tener una visión más objetiva del desempeño.
- Solicitar feedback de forma recurrente.
- Contrastar percepciones con evidencias reales y resultados concretos.
- Reducir la autocrítica excesiva.
“Desde Hays, creemos que es importante normalizar estas sensaciones, especialmente en momentos de cambio o exposición. Entenderlas y abordarlas forma parte del crecimiento profesional”, indica Pina.
El papel de las empresas para evitar este problema
La compañía también pone el foco en las organizaciones y en cómo la cultura empresarial puede ayudar a reducir este tipo de dinámicas. Según Hays, la falta de confianza en las propias capacidades puede tener consecuencias directas sobre aspectos clave como la productividad, la innovación o la toma de decisiones dentro de las empresas.
“Fomentar culturas de feedback continuo y comunicación abierta contribuye a reducir la incertidumbre y refuerza la confianza de los equipos. Además, impulsar liderazgos cercanos, que validen el esfuerzo y acompañen en los procesos de desarrollo, ayuda a desactivar dinámicas de comparación constante y a poner el foco en la evolución individual”, concluye Silvia Pina.
