Expertos como Federico Durán, Alejandro Latorre, Jesús Molina, Fernando Vives, Juan José Yago y Antonio Fernández, amplios conocedores de esta ley por haber trabajado en algunos de los últimos y más importantes concursos de acreedores (tales como Forum Filatélico, Martinsa, Galerías Preciados o Air Madrid), han participado en esta sesión de debate y estudio para acercar y explicar los aspectos más importantes de una ley que la mayoría ha calificado de lenta, restrictiva y, esencialmente, mejorable.
La nueva Ley Concursal, que entró en vigor en 2004 en sustitución de la antigua suspensión de pagos y quiebra, nació con la intención de agilizar un proceso concursal que databa de principios del siglo XIX y crear nuevos órganos de gobierno responsables, los Juzgados de lo Mercantil, que se ocuparían de estos procedimientos concursales además de otras materias. La llegada de la crisis ha hecho que ahora estos concursos estén a la orden del día y copen las salas de los Juzgados de lo Mercantil. En palabras de Alejandro Latorre, administrador concursal y socio de Latorre y Asociados, "esta tendencia se ha multiplicado por 2,5. Así, se ha pasado de los 200 concursos de media a finales de 2006 a los 260 concursos en el último trimestre de 2007, los 360 del primer trimestre de 2008 y los 631 (583 voluntarios y 48 necesarios) del segundo trimestre del presente año".
Para el socio de Latorre y abogados, "tradicionalmente, el empresario siempre ha huido del concurso de acreedores, a veces no sin razón, por el deterioro de imagen y las dificultades para obtener financiación que conlleva, un hecho que en la actual crisis se ha recrudecido por el agotamiento de la financiación del circulante". Muchos empresarios prefieren -como comenta Alejandro Latorre- agotar todas las posibilidades antes de acudir al concurso de acreedores por lo que las compañías llegan muy castigadas, con muy pocas posibilidades de salir adelante; muchos utilizan la Ley Concursal cuando no les queda más remedio, tan sólo para evitar problemas legales. Cuando se llega a esta situación es cuando ya es prácticamente imposible salvar a la empresa y que se evite la liquidación. Los administradores concursales terminamos siendo forenses con vocación de cirujanos, pues las empresas vienen prácticamente muertas y es casi imposible devolverlas a la vida".
La poca flexibilidad laboral también exige centrar la actividad empresarial en los productos estratégicos y de más margen, buscando un modelo sostenible desde el punto de vista de plantilla para atravesar la crisis. Para Federico Durán, socio de Garrigues, director y coordinador nacional del Departamento Laboral, "en España, debido a que los procesos de creación y destrucción de empleo están demasiado ligados a la coyuntura económica, la crisis la terminan pagando los trabajadores y eso exige medidas y cambios radicales".
Cambios y medidas que deberían empezar por una reforma a fondo de la Ley Concursal, que Antonio Fernández, socio de Garrigues y responsable del área de Reestructuraciones e Insolvencias, considera que pasan por "la creación de un derecho preconcursal, como existe en Reino Unido, Italia o Francia, agilizar los plazos, definir claramente la responsabilidad de los administradores concursales y reducir las restricciones, sobre todo de acceso al crédito".
Fernando Vives, socio de Garrigues, director y coordinador nacional del Departamento Mercantil, recomienda "agotar todas las medidas de reorganización del pasivo y el circulante y de refinanciación de la deuda, antes de optar por el concurso de acreedores. Tal y como está la Ley concursal y la actual situación de la justicia española, muchas empresas no pueden soportar de dos a tres años de concurso, por lo que es mejor agotar todos los posibles acuerdos de refinanciación". Sin embargo, en la estructuración de estas operaciones hay que tener especial cuidado dada su falta de su reconocimiento normativo y la ausencia de coordinación con la Ley Concursal. Sería deseable acometer una reforma de la normativa concursal que solventara esta laguna.
Dado que un elemento de esta crisis es la escasez del crédito las empresas deben vigilar muy atentamente la estructura de su pasivo y la evolución de su circulante. Y en caso necesario abordar una refinanciación temprana que les permita acomodar ambas magnitudes a una crisis que puede tener una duración más larga de la que inicialmente se preveía. También deben vigilar muy atentamente la evolución del consumo y, por tanto, de sus ventas para intentar acomodar en todo momento su producción a las necesidades del mercado.
Para Jesús Molina, socio director de MBD Gestión y Desarrollo de Negocios- "la Ley Concursal puede ser una herramienta de reestructuración adecuada, siempre que se utilice como un medio no como un fin con el que solucionar todos los problemas de la empresa". Tanto este experto en saneamiento y reestructuración empresarial, como Juan José Yago, socio de Garrigues y responsable del Departamento Laboral de Madrid, coinciden con Fernando Vives en que "hay que adelantarse al concurso lo más posible. Hay muchas medidas que se pueden tomar antes de una Ley Concursal, porque aunque el tema del ERE (EREC en el caso de un concurso de acreedores) y la negociación laboral es más fácil mediante un concurso, la falta de créditos y los impagos de lo clientes son aspectos también importantes y que dificultan que el concurso llegue a buen puerto".
A pesar de las críticas, todos los expertos reunidos hoy en el Foro organizado por el Club Empresarial ICADE y Garrigues se han mostrado convencidos de que podemos salir de esta crisis con una Ley concursal mejorada, un mercado con más experiencia y unos empresarios más preparados.
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